19 de Julio (JS19J) en León
El 23 de agosto de 1979, el año en que triunfó la Revolución Popular
Sandinista, fue fundado el destacamento juvenil del FSLN, la Juventud
Sandinista 19 de Julio (JS19J), según El 19 Digital (2020).
La Juventud Sandinista se fundó un mes y cuatro días después del
derrocamiento de la dictadura militar de la familia Somoza, sostenida todo el
tiempo por los gobiernos de Estados Unidos. En realidad, muchos de los jóvenes
fundadores de la JS19J combatieron a la Guardia Nacional, en distintos momentos
y lugares, hasta alcanzar el triunfo revolucionario el 19 de julio de 1979.
De acuerdo al testimonio escrito por José Enrique Lacayo Muñoz, la
Juventud Sandinista en León, empezó de la manera siguiente:
Después del triunfo de la Revolución
Popular Sandinista el 19 de julio de 1979, las autoridades político-militares
del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) iniciaron un proceso de
organización del nuevo Estado de Nicaragua, pues la Revolución había
destruido totalmente a las instituciones políticas y militares del gobierno y
el Estado somocista. Organizar el nuevo Estado revolucionario también involucraba
a las organizaciones políticas, sociales, académicas, etc.
La tarea que se nos asignó, en los
últimos días del mes de julio del año 1979, a un grupo de compañeros fue
organizar a la juventud nicaragüense, en su organización política, la Juventud
Sandinista 19 de Julio (JS19J).
La casa que teníamos primero como
cuartel de los guerrilleros del FSLN, sería la casa de la Juventud Sandinista,
la cual era una casa de dos pisos, situada en la equina enfrente del
costado norte del colegio José Madriz, en el barrio Zaragoza.
En la reunión inicial estábamos: Álvaro
Sandoval Baltodano (el Búho), Carlos el Chele Nájar, Ronald
Morán Pozo, William Cuadra y yo. Iniciamos a re-contactar a los dirigentes del
Movimiento Estudiantil de Secundaria (MES). Fuimos a todos los institutos de
secundaria, a mediados de agosto, que es cuando se reiniciaron las
clases.
En esa primera reunión, la compañera
María Lourdes Jirón Cucalón (la China) nos explica y define por qué la
organización política de la juventud será llamada Juventud Sandinista 19 de
Julio. Ese nombre inicialmente no nos gustaba, por lo que propusimos otros
posibles nombres como: Juventud Sandinista Revolucionaria, Juventud Sandinista
Rebelde, Unión de Jóvenes Sandinistas. No nos gustaba el nombre porque incluía
la fecha de 19 de julio. Argumentamos que la lucha de la juventud
nicaragüense no había empezado el 19 de julio, sino que era una lucha de
siempre.
Después hubo otra discusión acerca del
nombre de la organización de los estudiantes de secundaria: Federación de
Estudiantes de Secundaria (FES). Proponíamos mantener el nombre de
Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), o bien, Movimiento Estudiantil
de Secundaria (MES). Al final quedaron como hoy identificamos a estas
estructuras políticas y gremiales. El único nombre que mantuvimos firmes fue el
del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN), el cual representa
toda una historia de lucha del movimiento estudiantil universitario.
En los primeros 15 días del mes de
agosto de 1979 la tarea era organizar toda la secundaria, incluyendo colegios
públicos, privados y religiosos. Así, nos preparamos para la gran Cruzada
Nacional de Alfabetización (CNA) y continuamos organizándonos entre septiembre
de 1979 y febrero de 1980, para la que sería la primera gran tarea masiva de la
juventud nicaragüense, con un gobierno revolucionario en el poder.
A finales de 1979 inició un proceso de
re-ordenamiento de las estructuras del FSLN y la JS19J. María Lourdes Jirón ya
no atendería a la Juventud Sandinista de León y designan para re-emplazarla a
Fanor Herrera. Luego, en los primeros días del mes de febrero de 1980
llegó a León, como secretaria política del FSLN, Marta Isabel Cranshaw e inicia
una nueva etapa del trabajo político con la juventud. A finales
de febrero de 1980, soy trasladado a Boaco, para preparar la
organización de la CNA. En Boaco permanezco hasta finales de agosto del
mismo año, al terminar la alfabetización.
El primer
secretario departamental de la JS19J en León fue Fanor Herrera, quien siempre
me pareció un compañero serio, de pocas palabras, pero accesible; y era además,
muy respetado.
La primera casa de la organización juvenil en la ciudad de León fue la
ubicada de la iglesia Zaragoza dos cuadras al este. Dicho inmueble, de dos
pisos, todavía existe y conserva el color de la época. En esa misma casa estaba
ubicada la oficina de la Asociación de Niños Sandinistas Luis Alfonso Velásquez
Flores (ANS-LAVF), a la cual pertenecí desde 1979. También en esa
casa Daniel Prado (el Chapiollo) empezó la labor de impresión de
materiales con viejos mimeógrafos.
Sin embargo, durante la Cruzada Nacional de Alfabetización, la ANS-LAVF se
incorporó a las actividades de la llamada Retaguardia de la Alfabetización y
por algunos meses la asociación infantil ocupó una casa en el barrio San
Felipe, situada de la funeraria Bonilla 30 metros al norte, a mano derecha.
Esta era una casa sencilla, de paredes de adobe, deterioradas, color amarillo
suave. Esa casa está en pie, todavía.
Al poco tiempo, la secretaria departamental de la ANS era la compañera
Martha Solís Montiel (q.e.p.d.) quien junto a Francisco Romero
desempeñaron una gran labor organizativa con los niños. Hasta donde sé, Romero
murió en combate, enfrentando a la contrarrevolución armada, cuando era miembro
permanente del Ejército Popular Sandinista. Otros secretarios de la ANS fueron
Benita Cabrera, Catalina Munguía Hernández y Francisco Silva Ricco. Otro joven
que contribuyó mucho a la organización de la ANS fue Francisco Romero, quien
era muy laborioso, de buen humor y disciplinado. Asimismo, una de las principales organizadoras de la ANS fue Karla Álvarez, que posteriormente se graduó de médico.
La segunda casa donde se ubicó la JS19J fue la ubicada de la iglesia San José
una cuadra al este y media cuadra al sur, que también era de dos pisos, pero
mucho más grande que la primera y que todavía existe. Esta fue la tercera casa
donde se ubicó la ANS-LAVF, ocupando dos de los cuartos como oficinas.
Institutos bastiones del brazo juvenil del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en la ciudad de León, fueron: el Técnico La Salle y el Instituto Nacional de Occidente Benito Mauricio Lacayo. Y por supuesto, la Facultad Preparatoria de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), más conocida como la Prepa, un programa especial de secundaria acelerada, en tres años, para beneficiar a hijos de obreros y campesinos. A dicha facultad pertenecí. Solamente la Facultad Preparatoria de León tuvo más de 30 héroes y mártires que cayeron en la defensa de la Revolución Sandinista, cumpliendo distintas misiones o tareas [Héroes y Mártires de la Facultad Preparatoria de la U.N.A.N.-León en la defensa de la Revolución Sandinista (1980-1990). https://leninfisher.blogspot.com/2011/05/heroes-y-martires-de-la-facultad.html].
El impulso del movimiento
estudiantil fue muy fuerte; en secundaria a través de la Federación de
Estudiantes de Secundaria (FES); y en la universidad, con la Unión Nacional de
Estudiantes de Nicaragua (UNEN) por medio del emblemático e histórico Centro
Universitario de la Universidad Nacional (CUUN). Siempre se impulsó el estudio,
los círculos de estudio colectivo, la mejoría del rendimiento académico. Benito
Lacayo Centeno fue el primer secretario regional de la FES.
De hecho, la UNEN fue fundada en el año de 1982, en el auditorio
Ruiz-Ayesta de la UNAN, en la ciudad de León, durante el VIII Congreso Nacional
de los Estudiantes Universitarios, según Manuel Enrique Pedroza Pacheco,
quien fue miembro del comité organizador junto a los siguientes
compañeros: Reynaldo Payán (presidente del comité y el primer presidente electo
de la UNEN), Leslie Torres, Pedro "Pedrito" Gutiérrez (presidente del
CUUN del Recinto Universitario Rubén Darío, RURD), Raúl Amador (presidente
del CUUN del Recinto Universitario Carlos Fonseca Amador, RUCFA, y
segundo presidente electo de la UNEN), Carlos Oviedo (la Plana) y Oscar
Neira (presidente del CUUN en León), entre otros.
Otro secretario departamental fue Pedro Hurtado, enviado desde
Managua. Recuerdo que el secretario departamental de la JS19J que más
tiempo duró fue Ricardo Baltodano Marcenaro (Lucas). En su equipo de dirección
estuvieron Noel Varela, Harold Chavarría, Danilo Padilla, Rafael Henríquez,
Aquiles Morales (q.e.p.d.), Martha Solís Montiel, Félix Correa, Benita Cabrera,
Francis López, Pablo Bonilla Murillo (el Estiliano o el Coto), Lautaro Sandino
y otros compañeros. Además, José Enrique Lacayo Muñoz fue presidente del
CUUN y participó en la organización de los batallones médico-sanitarios de
refuerzo y re-emplazo, que se integraban a las unidades militares que defendían
a la Revolución Sandinista de la agresión contrarrevolucionaria.
Harold Chavarría, Noel Varela, Danilo Padilla y Félix Correa reforzaron el
trabajo organizativo departamental en 1981, porque no había crecimiento en el
número de afiliados y militantes de la Juventud Sandinista. Cuando el país fue
regionalizado para una mejor labor administrativa del gobierno, entonces, León
y Chinandega fueron el regional número dos de la JS19J.
La JS19J de León organizó y dirigió a muchos jóvenes que participaron
como miembros del Ejército Popular de Alfabetización (EPA) en la Cruzada
Nacional de Alfabetización (CNA); los Batallones Estudiantiles de la
Producción (BEP), que cortaron algodón, café y caña de azúcar; las
Milicias Populares Sandinistas (MPS), la Brigada Ezequiel (conformada por
voluntarios de varios departamentos del país), los Batallones de
Infantería de Reserva (BIR), como el Raúl Cabezas Lacayo, Verónica Lacayo
(formado solamente por mujeres), 40-13, 40-14, 17-28, 23-32, la Compañía de
Exploración y la Batería de Morteros de 120mm; así como también a los Cachorros
de Sandino que cumplieron el Servicio Militar Patriótico en los Batallones de
Lucha Irregular (BLI), Batallones Ligero-Cazadores (BLC), Tropas
Guardafronteras (TGF), brigadas de tanques y otras unidades del Ejército
Popular Sandinista (EPS). Todas estas acciones masivas fueron hechas para
construir la Revolución y defenderla de la agresión contrarrevolucionaria
dirigida y financiada por los gobiernos de Estados Unidos. El jefe del
batallón de reserva Raúl Cabezas Lacayo fue Harold Chavarría; dicho
batallón fue el primero que se formó en León.
Miguel Amaya Carmona, quien
participó junto con su hermano Gerardo Amaya, en la Brigada Ezequiel (a la que
pertenecían muchos militantes de la JS19J), señala lo siguiente:
La Brigada Ezequiel estuvo integrada por voluntarios de Rivas,
Masaya, Chinandega y León, y cumplió misiones, durante algunos meses, en la
frontera norte de Nicaragua, en municipios de Nueva Segovia y Madriz, reforzando
a las Tropas Guardafronteras. La Brigada Ezequiel combatió a las bandas
contrarrevolucionarias que desde Honduras comenzaban a atacar a Nicaragua y su
Revolución Sandinista.
En realidad, primero se formaron los contingentes de voluntarios, en las ciudades arriba mencionadas, en el año de 1982, y después se llamó Brigada Ezequiel. El uniforme era camisa café (por eso les llamaban “chocolitas” y pantalón verde olivo). El arma que portaban era un fusil ZB vz.24, de fabricación checa (mejor conocido en Nicaragua solamente como VZ); pero al llegar a los puestos fronterizos les cambiaban los VZ por fusiles automáticos como Galil, M-16 o semi-automáticos como el Garand M-1. El periodo de movilización era de seis meses, pero se podía extender a siete u ocho meses. El contingente de León fue entrenado en Apanás y le correspondió relevar al de Chinandega, que ya tenía casi ocho meses de movilización.
Estuvimos ubicados en el puesto fronterizo de Santa Emilia, a 300
metros de Honduras. En el sector del Encino, las bandas contrarrevolucionarias,
cuyo cabecilla era “el Diablo”, emboscaron a tropas de la Brigada Ezequiel,
causándole siete muertos. Eran los días de la incipiente contrarrevolución y
cuando se hablaba de la lucha contra bandas.
Después de ese duro golpe, en la Brigada Ezequiel se organizó un
grupo comando de 13 combatientes, al mando de un teniente del EPS, cuya misión
fue la persecución de la banda del “Diablo”, preparando emboscadas, patrullando
de puesto a puesto fronterizo, con radio-comunicadores de magneto, por lo cual,
si se combatía con las bandas contrarrevolucionarias, se tenía que disparar ráfagas
de balas trazadoras, al aire, para avisar a las demás tropas.
Finalmente, el grupo, disfrazado de contra-revolucionarios, entró a
territorio hondureño, por Tierras Coloradas, hasta llegar a una escuela y dirigirse a la casa del cabecilla
llamado “el Diablo”, al cual no encontró, después de registrar debidamente. El grupo se retiró rápidamente porque era un operativo de entrada por salida. Alguien avisó al ejército hondureño y
éste dispuso a algunas unidades para perseguir al grupo de la Brigada Ezequiel,
que logró llegar, sano y salvo, a Nicaragua. Esa noche el enemigo quería atacar
el puesto fronterizo, según información brindada por un colaborador, debido a lo cual, se pasó toda la noche esperándolo, en defensa
circular.
Además, también participamos en brigadas de aclaración política,
en los municipios del norte del departamento de Chinandega, cuando el
secretario político del FSLN era Antonio Baldizón.
El nombre de la brigada era un homenaje a
Álvaro Diroy Méndez (Ezequiel), jefe de la ofensiva final, en la ciudad de Rivas,
entre junio y julio de 1979, fallecido en un accidente de tránsito, después del
triunfo de la Revolución. Cuando la brigada se desmovilizó, desde León salió
una delegación de niños de la ANS, que fue a recibir a la Brigada Ezequiel, en
la zona fronteriza (delegación en la cual participé). El viaje de regreso
finalizó con un gran recibimiento en la Plaza Juan José Quezada, de la ciudad
de León. Esa brigada fue el antecedente de los batallones de infantería
reserva, conformados por voluntarios.
Cuando la JS19J cumplió su primer aniversario estaba terminando su primera
gigantesca misión: la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), el 23 de
agosto de 1980, con un acto multitudinario en la Plaza 19 de Julio, en la
capital Managua. Miles de jóvenes victoriosos, nuevos jóvenes nicaragüenses,
los nuevos hombres del país, gritaron no solamente ¡Dirección Nacional,
ordene!, sino que también gritaron decididos y demandantes la pregunta ¿cuál es
la próxima tarea?
Varios cuadros juveniles de León fueron enviados a realizar trabajo político en las zonas de guerra, entre ellos Álvaro Sandoval Baltodano (el Búho), que cayó combatiendo en una emboscada de la contrarrevolución en el Cuá, Jinotega, el 2 de noviembre de 1984, cuando era el secretario político del FSLN en dicho municipio.
Marcio Morazán fue otro de esos jóvenes que
cayó en una emboscada contrarrevolucionaria, cuando cumplía trabajo político en
las zonas de guerra del norte del país. Marcio Morazán (cuyo seudónimo era el Compita), había sido un
organizador de jóvenes y comunidades, en los Comités de Acción Popular (CAP),
durante la lucha para derrocar a la dictadura somocista. Además, fue jefe de
escuadra de la tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP). Ahmed Rugama, con su
carácter tranquilo y jovial, murió en un accidente de tránsito, en los
escenarios de la guerra, realizando trabajo político-partidario.
Recuerdo al equipo de propaganda gráfica conformada por Daniel Prado (el Chapiollo), Bygarni Homero Castro Zeledón (q.e.p.d., 30-10-1958/29-8-2015), Miguel Humberto Rivas, Julio Arguetta Jáen y Jorge Capelán D´Lungo (el Uruguayo). Jóvenes muy hábiles y creativos que hacían grandes mantas, letreros o rótulos con mensajes revolucionarios.
Otros jóvenes, cuadros sandinistas, destacados, fueron: Benito Lacayo
Centeno, Deglis Chavarría, Rodolfo Mairena, Marvin Padilla, Neón Rodríguez,
Evert Delgadillo, Julio Granados, Tránsito Téllez, Marvin Rodríguez, Yader
Silva, Xavier Lara Toruño, Carlos Fonseca Terán, Manuel Téllez, Félix Sánchez,
Ivette Aráuz, Luis Antonio Fisher Chavarría, Federico Palacios (la Hormiga),
José Benito Zelaya (el Diablo) y Noel Villares (Pipón).
Rodolfo Mairena, quien fue presidente de la Asociación de Estudiantes de
Ciencias Químicas y Farmacia, entre 1977 y 1983, recuerda que varios graduados
universitarios, que laboraban en la UNAN y formaban parte de la Asociación de
Egresados (coordinada por Mairena), fueron enviados a Cuba, para recibir mayor
formación política, entre el 12 de abril y el 20 de diciembre de 1981. Al
regresar, una parte de ellos fue distribuida en la universidad para reforzar el
trabajo organizativo. En la Escuela de Cuadros Julio Antonio Mella fueron
capacitados 60 miembros de la JS19J, casi todos estudiantes universitarios, de
los cuales por León estuvieron: Guillermo Martínez y Estelvina June (por Medicina),
María Eugenia Marín (por Odontología) y Rodolfo Mairena Baca (por Farmacia).
Una de las grandes jornadas de trabajo voluntario para recolectar la
cosecha de café en el norte del país, sucedió entre diciembre de 1982 y febrero
de 1983. En esa ocasión, un gran contingente de jóvenes leoneses viajó en una
caravana de camiones, que salió desde el Parque Central a la hacienda el Tabaco
(al pie del macizo de Peñas Blancas, el tercer pico más alto de Nicaragua), en
el municipio del Cuá, departamento de Jinotega. El contingente de más de mil cortadores
de café era dirigido por Evert Delgadillo, actual secretario político del FSLN,
en el departamento de León, quien todas las mañanas, en medio de la neblina y
el frío, lanzaba una arenga de orientación política.
También se impulsaron las actividades del Movimiento Cultural Leonel Rugama y
del Movimiento Deportivo Bosco Monge. Se inauguró el Centro Recreativo Comandante
Marco Somarriba, en el antiguo Club Social. Asimismo, se fundó el Centro
Recreativo Xochilt Acatl, en Poneloya.
A continuación el testimonio de Jorge Capelán (el Uruguayo), el cual es muy interesante, lo transcribí, en septiembre de 2022, de una entrevista realizada a él, en 2021, y se puede escuchar en los siguientes enlaces:
https://podcasts.apple.com/us/podcast/episodio-1-2021-entrevista-a-jorge-capel%C3%A1n/id1496626588?i=1000504387207
Episodio 1-2021: Entrevista a
Jorge Capelán. https://www.youtube.com/watch?v=ohXYEqmdnkA
Originario de Uruguay se exilió en Venezuela, junto
a su madre. Viviendo en Venezuela, en 1979, participó en comités de solidaridad
con Nicaragua y donó sangre para el pueblo nicaragüense. Anteriormente, habían
sabido por las noticias acerca del asalto a la casa de Chema Castillo, en 1974;
el asalto del Palacio Nacional, en 1978; y de la insurrección de septiembre de
1978. Todos estos hechos aparecieron como de sorpresa. Debido a eso, su profesor
de pintura le decía: Estos sandinistas sí
son buenos, son buenos.
Los venezolanos de distintas ideologías apoyaban a
Nicaragua, porque estaban en contra de la dictadura. Ellos habían botado a
Pérez Jiménez. La gran mayoría de los venezolanos odiaban a Somoza. En ese
contexto, su mamá le preguntó: ¿Qué decís
vos, nos vamos? Sí le respondió él. Vinimos a Nicaragua en los primeros
días de octubre de 1979. Pasamos por la frontera sur, Peñas Blancas. Fue muy
interesante porque nosotros veníamos con unas mochilas cargadas de lo que
nosotros pensábamos que podía hacer falta. Y yo me traje todos mis libros de
Marx y Engels. El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Crítica al programa de Gotha, El
Estado y la Revolución (eso había que tenerlo, ¿verdad?).
Me acuerdo que cuando llegamos a la frontera sur,
había unos muchachos revisando las maletas. Y cuando abren mi mochila y ven
todos mis libros, me dice el muchacho: Pase,
pase compañero. No teníamos ni dónde quedarnos. Una señora en el bus nos
dijo que si nos queríamos quedar con ella, en Monseñor Lezcano. ¿Qué será
Monseñor Lezcano?, me pregunté. Bueno, nos quedamos en una casa bastante
humilde. Al día siguiente, la señora nos ofreció gallopinto. Traíamos unas
cartas de recomendación para presentarlas a Ernesto Cardenal, lo cual no sirvió
para nada.
Un hermano o sobrino de la señora me propuso ir a
León, para conocer. Entonces, en la primera noche, me llevan a la casa de la
Juventud Sandinista, que quedaba enfrente del colegio José Madriz, en el barrio
Zaragoza. Mi madre se quedó en Managua. Ella estaba dispuesta a trabajar en lo
que hiciera falta, no necesariamente como una maestra. Creo que ni siquiera quería
trabajar como maestra.
Mi hermano, que se llama Carlos, vino a Nicaragua
en 1980, estuvo durante un mes o mes y medio, y brindó un par de talleres de
capacitación.
Esa noche, en la casa de la JS19J, veo a un grupo
de muchachos armados con Galil, Fal, escopetas. En el segundo veo a un muchacho
que estaba pintando un cuadro del Che Guevara. El pintor estaba luchando con un
ceño muy fruncido. Entonces, me puse ayudarle. Como yo había estudiado pintura
y todavía continúo estudiando. Ese muchacho era Chicho, un compañero que estuvo en el Ministerio del Interior, como
dibujante. Ese retrato lo rifaron en una fiesta que hicieron en el Club Social
(el club de la alta sociedad leonesa, un centro de fiestas para Somoza, antes
del triunfo de la Revolución). Durante la Revolución se convirtió en un centro
de recreación para la gente y ahora es propiedad de la Alcaldía Municipal. Se hizo
una fiesta, se hicieron varias fiestas, para recaudar fondos para comprar el
material que usábamos en propaganda.
La casa de la JS19J había sido de un somocista,
después se la regresaron y actualmente está en ruinas. Tanto pelearon para
recuperarla para al final no hacer nada con la casa.
De esa casa tengo un recuerdo especial de Marcio
Morazán, que fue el primer dirigente de la Asociación de Niños Sandinistas
(ANS). Marcio reunía a 60, 70, 80 chavalos de 5, 6, 7 hasta los 11 años y les
tiraba unos chagüites.
Harold Chavarría fue dirigente departamental. Me
acuerdo cuando fuimos con Harold al batallón Raúl Cabezas Lacayo. Ahí nos
vulgarearon a todos, es decir, se burlaron de todos nosotros, porque nosotros
llevábamos un montón de mantas, afiches y banderas. Y nos preguntaron que por
qué vienen con tantas mantas, afiches y banderas, si aquí son militares,
¡jodidos!
Teníamos un jefe de batallón que nos decía: Yo soy alto y también fuerte. Así que no se
metan conmigo. Eso fue como en el año 1982, fue el primer batallón que se
formó en León. Éramos unos 450 integrantes. El número variaba un poco. Creo que
el batallón de Sutiaba era mayor, con unos 600 y pico. Pero el batallón era
normalmente de 450 o algo así, aunque puede ser que en algún momento haya tenido
más miembros. Yo era político y después jefe de una batería de morteros; pero
morteros no había, por lo que practicábamos con troncos. Sí había ametralladora
calibre 50 y fusiles AK. La primera vez que salimos llevamos como armas los
fusiles VZ, que eran inservibles, porque prácticamente se desarmaban. Eso fue
la primera vez que salimos, o sea, la primer camada de los batallones. Después
nos cambiaron a fusiles AK, que en aquella época era el mejor fusil de
infantería y creo que todavía sigue siéndolo, independientemente de todo el
desarrollo que ha surgido en la cuestión armamentística.
El modelo de los batallones había que cambiarlos.
Lo que se hizo fue crear unidades con más tiempo de función, con preparación.
Los batallones de reserva, por otro lado no era tan bueno. Había grupo de gente
que eran desempleados, y que el empleo era estar en los batallones, por
ejemplo, los borrachitos del pueblo. Pero estos eran una minoría. Después
tenías trabajadores, estudiantes, profesionales. El problema es que eso no te
permitía un combate sostenido contra el enemigo.
Tuvimos problemas para conceptualizar el concepto
de guerra de baja intensidad. El objetivo era oradar y destruir la capacidad de
resistencia de una parte del pueblo. Cuando llegas al punto de que te están
pagando con tres ceros más. Habían sacado de control a la economía, por muchas
razones; pero fundamentalmente por la guerra. El Estado tuvo que compactar.
Hubo que mandar gente al desempleo. En las elecciones de 1990 una parte de la
gente dijo que ya no aguantamos más.
La voladura del puente de río Negro, que está cerca
de Somotillo, con una longitud de 30 o 40 metros. Pasamos por un punto de
reconcentración, después de Chinandega, recuerdo que era un lugar muy árido.
Nos dieron ropa, comimos y seguimos adelante. En la noche pasamos el puente del
río Negro, como a las ocho de la noche, en una caravana de unos 20 camiones Ifa,
jeeps Was, hasta camiones de la Pepsi, porque las movilizaciones requerían
mucho esfuerzo logístico. Pusimos nuestras hamacas y a dormir. Yo recuerdo que
estaba durmiendo muy bien, como a las doce de la noche, oigo la explosión y me
despierto. No recuerdo bien si había un resplandor rojo. Los contras entraron y
se volaron el puente, lo dinamitaron. Nosotros habíamos pasado por el puente tiempo
antes. Hasta a un burro o un caballo mató la explosión, que después apareció
como a 300 metros de distancia. Después de eso estuvimos haciendo maniobras
militares y haciendo trincheras y pozos tiradores.
En la zona norte de Chinandega estuvimos como dos
semanas, en el batallón 40-14, porque el batallón de la Juventud Sandinista,
Raúl Cabezas, ya se había disuelto.
La movilización del 40-14 en Zelaya Norte sucedió
en un momento muy complicado. Yo era jefe de la batería de artillería, que por
el hecho de no tener morteros, era de infantería. Ya había pasado la operación
Navidad Roja, en enero de 1982. Nosotros llegamos en noviembre de 1982. Esa movilización
coincidió con las maniobras de las tropas yankees y hondureñas llamadas
Ahuas-Tara (Halcón Vista). Fue una movilización difícil. Primero, hubo un
choque cultural, porque es totalmente distinto al Pacífico, incluso en términos
geográficos, es muy distinto. Una vez que pasas Waslala y las Minas entras a
una zona ondulante, con lomas, enormes pinares, vegetación muy tupida y una
zona que fue despoblada de gente. La mayoría de la gente que vivía en las
orillas del río Coco, en Leimus, Waspán, Ahuas Tara, fue evacuada hacia el
interior del país, a un lugar que le llamaron Tasba-Pri (Tierra Libre). Solo
había gente en el río Wawa. Ese fue un proceso difícil, porque la gente había
tenido contacto con la gente del Pacífico.
Ya habían trabajos ingenieros realizados, decenas
de kilómetros de trincheras. Nos pusieron a los 400 hombres del batallón 40-14 a
esperar en las trincheras. Estábamos ahí, para esperar cualquier acción,
vigilar y demostrar la presencia armada. Si hubieran querido invadir con sus helicópteros
y todo su armamento, nos hubieran matado a muchos de nosotros y hubieran muerto
varios de ellos. Éramos 400 almas con un fusil AK cada uno. Básicamente,
estábamos ahí “imprenteando” (presumiendo). Obviamente, los planificadores se
cuidan (si ellos hubieran visto que éramos unos pocos, nos atacan).
La compañía de Carlos Fonseca Terán estuvo cara a
cara con la guardia hondureña, vigilando día y noche, comiendo mal, porque
estaban a 10 kilómetros de nosotros. Se nos terminó la comida. Comenzamos a
comer cerdos salvajes, o sea, los cerdos que no habían sido evacuados y se
habían vuelto salvajes. Vivimos de eso. Una vez se volcó un camión con
alimentos, en un puente de madera, y tuvimos que comer los alimentos con arena,
arroz con arena, pan con arena, todo con arena. Una dieta mineralizada
totalmente. Algunas compañías realizaron persecución a pequeños grupos de
contrarrevolucionarios; pero a los demás nos mandaron a cuidar puentes. En lo
militar, estar así, esperando, es lo más duro que hay. En esa movilización
participaron Álvaro Sandoval Baltodano (el Búho), José Benito Zelaya (el
Diablo), y los hermanos Luis y Malcolm Fisher Chavarría.
Nosotros no teníamos ni idea de cómo la CIA
manipulaba a los movimientos indígenas. Al hablar de la contrarrevolución no
podemos dejar de hablar de los restos de la Guardia Nacional, que había salido
en desbandada y fue reagrupada, ni de los militares argentinos y seguramente
israelíes.
En León, me pusieron en propaganda de la JS19J. En
octubre- noviembre de 1979, León era una ciudad oscura, “pasconeada” por la
guerra. Desgraciadamente, se han pasado borrando las huellas de la guerra. Una
escena que no se me va a olvidar jamás es la fila de madres de combatientes
sandinistas con su fotito de carnet y que en muchos casos era la única fotografía
que tenían del hijo, para que vos le hicieras un retrato. Es que llegaban todos
los días a la casa de la Juventud Sandinista. Todos los días eran 5 o 6 madres
de héroes y mártires esperando ahí. Así que, hice muchos retratos, no te puedo
decir cuántos, pero fueron muchos. Éramos unos cinco o seis compañeros, entre
ellos Chicho (Narciso). Porque para
hacer mantas, todo mundo se metía; pero para dibujar retratos éramos menos. Y
esa fue una experiencia, una cosa muy fuerte.
Además, cada 2x3 había un acto político
conmemorativo, entonces había que hacer un retrato para una manta. Se dibujaba
en papel craft y se calaba la parte que uno quería que estuviera color negro y
después con chupón de esponja se pintaba. Nos mudamos al nuevo local de la
JS19J. En todo ese tiempo el responsable de propaganda era Lucas, Ricardo
Baltodano, que ahora traicionó, eso hay que decirlo.
Yo estaba dispuesto a ir a alfabetizar. En el año
1980 llega Fanor Herrera, que era muy místico, me dijo que no podían mandarme a
alfabetizar porque me necesitaban con el talento de la propaganda gráfica. Eso
fue muy frustrante para mí. Sin embargo, estuve como responsable de una
comisión departamental de propaganda, integrada por Ramón (de Anden) y una
pareja de guatemaltecos. Ricardo Baltodano fue responsable zonal de El Sauce.
Una de las experiencias más interesantes que tuve
fue en Quezalguaque, en la ofensiva final de la Cruzada Nacional de
Alfabetización. Nos reunimos y preguntamos qué materiales tenemos, porque
mantas no tenemos. Nos dijeron que tenemos como 400 cajas de tiza que no hemos
usado. Entonces, dijimos que todo mundo debía escribir en las piedras mensajes
y consignas de la alfabetización, por ejemplo: Se acerca la ofensiva final. Hicimos un periódico mural.
Otra experiencia fue ser corresponsal del periódico
llamado El Brigadista, el primer periódico que saco la Juventud Sandinista, aunque
no creo que yo firmaba con mi nombre. Yo escribía muchos pronunciamientos,
comunicados, chagüites. Además, distribuíamos la revista.
Me enviaron junto con Neón Rodríguez a trabajar en
el zonal de Telica, Quezalguaque, Malpaisillo y Mina El Limón. A Neón le tocaba
El Jicaral y Santa Rosa del Peñón. Viajábamos en bus y muchas veces teníamos
que montarnos en la tolda del bus. Me gustaría ir a Malpaisillo, dejé amistades
ahí, varios compañeros, toda la familia Rojas, María Rojas, con ellos empezamos
la JS19J, en Malpaisillo. Allá tengo grandes amigos. Esa fue una experiencia
muy importante para mí.
Uno creaba una asamblea de base, con una directiva.
Tampoco se quería una estructura muy burocrática. Encima de eso estaba la
coordinación era municipal. El trabajo era a nivel de los colegios, no eran con
los jóvenes trabajadores. Hacíamos mucha educación política. Yo trataba siempre
de hacerlo. Hablando con esos compañeros, hoy en día, uno nota que esa gente
tiene una formación política.
La Juventud Sandinista, en León y en los
municipios, era un poder; teníamos poder. Nosotros le decíamos a un director de
instituto que parara las clases porque teníamos que dar una charla, y entonces,
las clases se detenían.
Después, en 1982, me enviaron a trabajar en el
zonal de la JS. Harold estaba en el departamental. Responsable de organización
era Danilo Padilla. Ahí trabajé con Martha Solís Montiel, de quien tengo gratos
recuerdos, que murió de insuficiencia renal. Ella fue a Libia, en una
delegación encabezada por el comandante Daniel Ortega. Ella, si viviera por lo
menos sería ministra, porque tenía una gran capacidad de trabajo y una madurez
que el resto no teníamos. Empezó a trabajar con la ANS.
Recuerdo a Daniel Prado (el Chapiollo), Danilo
Padilla, Lautaro Sandino, Pablo el Coto
Bonilla, el Chino Larios. Mucha gente
recuerdo, incluyendo a algunos que están en la otra acera, del lado de la
derecha.
Cuando se dio una coyuntura muy especial, creo que
tenía hacerse una movilización muy grande, creo que del batallón de infantería
de reserva 40-14, yo pasé tres días enteros dando charlas en los colegios, aula
por aula, sobre la coyuntura internacional y centroamericana. Al final, yo ya
me sabía de memoria la charla. Incluso, los institutos Juan de Dios Muñoz, el
Académico Mercantil, Nuevas Orientaciones (de Francisco Plata) y creo que hasta
en el San Ramón me llegué a meter, donde solo teníamos ocho miembros, que eran
pequeños, chiquitos. A ellos los “vergueaban” todos los días. Si el San Ramón
era un centro de estudios controlado por la derecha. Los derechistas todos los
días les pegaban a esos chavalos, porque ellos estaban en la Juventud
Sandinista.
Hubo un momento en que la derecha, que se oponía a
la Revolución, trató de organizarse. Fue cuando sacaron aquella consigna de Nandaime va. Y nosotros decíamos que Nandaime va a la mierda. En esa época ellos
lanzaron un movimiento juvenil muy agresivo. Porque nosotros todo el tiempo
pensábamos que vendrían los yankees a invadirnos. Y tal vez haciendo una
lectura muy simplista de la experiencia cubana, con Playa Girón, que en realidad
fue mucho más compleja, porque primero vino la guerra de las bandas criminales,
la lucha contra bandas y después otros tipos de guerra. Pensábamos que nos
vendrían a invadir. Y no nos dábamos cuenta que lo que ellos querían era
calentar la calle y desestabilizar. Pero lo cierto es que, te digo, eran muy
mediocres; la derecha era muy mediocre.
La propaganda de ellos en la juventud urbana fue dirigida
a los colegios de clase media, donde a las compañeras de la Juventud Sandinista
las agredían y les pegaban. El objetivo era aterrorizarlas. La derecha estaba
muy aislada socialmente. Ellos no podían motivar a jóvenes trabajadores o de
las clases populares para que apoyaran sus actividades, por lo menos no en
León. En Managua tengo entendido que fue más violenta la cosa. En León había un
dirigente derechista apodado Pancho Mono,
que tenía cierto renombre. Un día trataron de tomarse el colegio La Salle; pero
La Salle estaba a dos cuadras de la casa de la Juventud Sandinista (la primera
casa de la JS, en Zaragoza) y nosotros a los 10 minutos estábamos ahí. Inmediatamente
vinieron los estudiantes del Técnico La Salle, del Nacional de Occidente y de
todos los otros institutos. Entonces, ellos tuvieron que salir con los pies en
polvorosa.
Pero así como te cuento eso, un par de años más tarde,
como en 1983, creo que fue el Ministerio de Educación que trató de impulsar una
campaña de sensibilización sobre la guerra contrarrevolucionaria, exponiendo un
montón de armas capturadas a la Contra, que fueron presentadas en el gimnasio
de La Salle. Nosotros les dijimos que no llevaran las armas a ese instituto que
estaba influenciado por la derecha. Ahí llegó el padre Fernando Cardenal, a
quien los derechistas lo querían linchar. Se quiso hacer una acción de
propaganda que más bien envalentonó a los derechistas. La Salle era un colegio
de clase media alta. La derecha estaba muy aislada. Si ibas a los demás
colegios, al INO, al Juan de Dios Muñoz, incluso privados, la derecha no tenía
ninguna presencia. Pero sí, por ejemplo, el Partido Comunista, al final de la
guerra, trató de ocupar espacio, en el Instituto Mariano Fiallos, (donde yo
estudié de noches), donde había cuadros haciendo trabajo político y nosotros
buscando como pararlos. Después, el Partido Comunista se pasó a la derecha,
cuando fue parte de la alianza opositora, financiada por Estados Unidos, que
ganó las elecciones de febrero de 1990. Se aliaron con la derecha somocista,
neoliberal.
Fijate que yo quería hacer otras cosas, quería
tener un contacto más directo con la clase trabajadora. Ahí es donde sale la
oportunidad, allá por 1983, de empezar a trabajar en la reforma agraria, lo
cual fue una experiencia muy enriquecedora. Trabajé con los cursos básicos de organización
cooperativa.
Era un curso, organizado en folletos, que contenían
la metodología para hacer talleres. Se hacía a nivel nacional. Iban grupos de
capacitadores a las cooperativas, durante un mes vivían en la cooperativa,
hacían un proceso de auto-diagnóstico de la misma (identificando sus puntos
fuertes y débiles), aprendían sobre la organización cooperativa, y después, de
alguna manera, reorganizar la cooperativa de acuerdo a todo lo aprendido. Era
una cuestión basada en la teoría de Paulo Freire. Esos cursos, inicialmente,
fueron organizados por un compañero mexicano que se llamaba Roberto Vega. Para
mí fue muy interesante porque fue una oportunidad para estudiar sobre la historia
de la reforma agraria, conocer a fondo la Ley de Reforma Agraria. Todo eso se
hacía a través del Midinra, porque cuando se organiza el Midinra se forma una
dirección general de reforma agraria. El INRA que era un ente autónomo pasó a
estar supeditado al Ministerio de Desarrollo y Reforma Agraria. Aprendí un montón,
montones de cosas, sobre economía política y pedagogía.
Estuve en el Midinra hasta 1986. Había todo un
debate en esa época. Por un lado estaba Jaime Wheelock que solamente pensaba en
términos de capitalismo agrario de Estado, o sea, que solo pensaba en grandes
proyectos de riego. Para él la forma más importante de desarrollo del país, como
medio de acumulación social, eran los grandes proyectos y en todo caso, las
grandes cooperativas. Y había otra corriente, ligada al CIERA (Centro de
Investigación y Estudios de la Reforma Agraria), Midinra y UNAG (Unión Nacional
de Agricultores y Ganaderos), que veía más el tema campesino, lo ecológico.
Un estudio extraordinario que el CIERA hizo en Masaya
y Carazo, departamentos que habían tenido una amplia base de apoyo a la
Revolución, reveló, en 1984, una disminución de tal respaldo, con una cantidad
de votos mínima. Hubo como una huelga política de sectores campesinos
importantes. Incluso, hubo una marcha de miles de campesinos, desde esos dos
departamentos hasta Managua, que se quejaban de problemas agrarios, campesinos,
no políticos. El FSLN dijo como atacar ese problema sin hacerlo un tema de la
contrarrevolución. No podíamos permitir que ese problema fuera una bandera de
la Contra y se apoderara de esa contradicción.
Entonces el CIERA hace una investigación sobre las
cooperativas. Hay que entender que al principio si vos querías tierra tenías
que organizarte con cinco o más personas y te daban tierra en colectivo. Si vos
llegabas con un grupo de 20 y más personas, pero querían tierra para tener
parcelas individuales, te decían que no. Aquí tienen semilla, fertilizantes,
técnicas, insumos; pero tierra no. Porque se creía que las cooperativas
colectivas eran más productivas, mejores para el desarrollo del país, además,
eran más socialistas.
Entonces, lo que hizo el CIERA fue analizar cómo eran
esas cooperativas en la práctica. Porque no es lo mismo una cooperativa de 100
manzanas de tierra altamente productivas, en León o Chinandega, aptas para el
algodón en aquella época, que una cooperativa de 400 manzanas, con tierra de
mala calidad, en otro lugar del país. No es lo mismo 10 mil manzanas de tierra,
en una zona ganadera, que tierras de excelente calidad para hortalizas. En unos
casos, por ejemplo, en la enorme propiedad ganadera, la gente estará interesada
en ser pocos miembros, para ocupar pocos mozos durante todo el año y ganar lo
más posible. En la cooperativa algodonera también van a querer ser pocos
miembros para emplear muchos mozos en la cosecha.
Después había otro problema. La lógica campesina es
primero la de satisfacción de las necesidades propias, de la familia, y el
excedente realizarlo en el mercado. Eso tiene en sí mismo, una serie de
relaciones, por ejemplo, la tradicional “mano vuelta”, que es: hoy yo te trabajo a vos y vos mañana me
trabajás a mí (reparando caminos, poniendo cercas o haciendo diferentes
trabajos). Todo lo que hoy estamos haciendo con la economía solidaria,
familiar, cooperativa y asociativa.
Solo una minoría de las cooperativas agrícolas
sandinistas, eran realmente revolucionarias; solamente una minoría combinaba la
producción y la defensa de la Revolución. Además, había otro problema, nosotros
teníamos la cooperativa colectiva y ahí estaba el comisariato, donde los demás
campesinos iban a comprar. Pero el resto de campesinos no miraban la
cooperativa como integrada a la sociedad, sino como un lugar donde estaba el
comisariato. Así era muy fácil para la contrarrevolución agitar en contra de la
cooperativa para después atacarla, como hicieron en El Sauce, donde yo estuve
en un proyecto educativo, en zona de guerra.
Había toda una discusión entre campesinistas y no
campesinistas. Al final para hacerte el cuento largo, un cuento corto, lo que
nosotros decíamos en ese entonces, es lo que se está haciendo hoy en día. Hubo
que pasar por toda esa escuela dura y todo ese tránsito tan espantoso que fue
la noche neoliberal.
En medio de todo eso, había un debate dentro de la
reforma agraria. Hubo cambios, el nuevo responsable no tenía intenciones de
seguirnos apoyando. Nosotros habíamos hecho un proyecto conjunto entre reforma
agraria y educación de adultos, que básicamente era capacitar a muchachos de la
ciudad sobre la situación campesina, mandarlos a las cooperativas a realizar
una investigación militante y hacer un curriculum adaptado a la cooperativa.
Estos jóvenes iban a alfabetizar y a realizar una investigación militante, como
parte del proyecto. Al final, la reforma agraria, en medio del debate, se sale
del proyecto y yo me quedo en El Sauce, trabajando en la parte educativa, en
una zona de guerra. Cuando ya teníamos una parte del trabajo hecho me pasaron a
nivel central, en el año 1989, a trabajar en el curriculum nacional de
educación de adultos, cuando se dijo oficialmente que la educación popular
sería como la doctrina educativa de la Revolución Popular Sandinista. En
Managua tuve oportunidad de conocer a mucha gente. En 1989 me fui a Suecia,
buscando como estudiar. En aquel momento, pensaba que las elecciones de 1990
las ganaría, seguramente, el FSLN.
Aquí a Nicaragua venía gente de todos lados,
científicos sociales importantes a ayudar. François Guillén, es hoy en día, uno
de los expertos sobre el tema del desarrollo agropecuario campesino. Cuando
pasé a trabajar en el Ministerio de Educación Lola Cendales y Germán Mariño,
colombianos, dos importantes pedagogos de la educación de adultos. El compañero
Dan Horton, de Alabama, pedagogo y organizador, de gran renombre, vino con un
grupo, que mayoritariamente procedía del sur de Estados Unidos. Roberto Vega
sabía que yo había estudiado inglés. Un día él me vio conversando en inglés con
los norteamericanos (yo había estudiado inglés en Venezuela). Roberto me dijo
que si le ayudaba como intérprete porque yo no le entiendo nada a ese inglés
del sur. Yo me hice amigo de varios de ellos. Era gente con mucha experiencia en
educación popular y lo que llaman educación liberadora.
Hablo fluidamente inglés, español y sueco (trabajé
de periodista en Suecia). También hablo y leo francés. Estuve en Francia varias
veces; pero mi francés no es fluido. He dado charlas en inglés y también he
sido intérprete en tiempo real. El idioma es una cosa muy importante porque te
ayuda a pensar desde diferentes perspectivas. En el siglo XIX Marx y Engels
hablan varios idiomas, por lo menos los machacaban, pero lo hablaban. Yo creo
que está muy bien todo lo que se está haciendo para que los jóvenes aprendan a
hablar inglés, ruso, chino mandarín y todo tipo de idiomas.
Después de las elecciones de 1990 y una vez que el FSLN entregó el poder a la
derecha pro-yanqui, el primer secretario departamental de la JS19J en León fue
Alfonso Silva. El presidente del CUUN, en esa transición de 1989-1990, fue
Mauricio Álvarez y el vice-presidente, Gerardo Gallo.
Posteriormente, en medio del neoliberalismo y la absorción de los ONGs, varios
compañeros abandonaron al FSLN; pero la mayoría continuó y continúa apoyándolo;
o bien, cumpliendo responsabilidades o tareas específicas. Algunos,
desafortunadamente no tuvieron la suficiente solidez política e ideológica y
cayeron en la errónea camorra golpista de la derecha neoliberal y neosomocista;
pero por suerte han sido la minoría.