viernes, 5 de agosto de 2022

ENRIQUE ROMERO (CERRO NEGRO): GRAN JEFE ARTILLERO

 

Enrique Romero (Cerro Negro): gran jefe artillero

 

Lenin Fisher


Enrique Romero (Cerro Negro) (q.e.p.d.), fue un miembro del Ejército Popular Sandinista (EPS), que llegó a ser oficial y se desempeñó como jefe de la batería de morteros de 120mm., dentro de las unidades de artillería que pertenecían a la reserva del alto mando de la segunda región militar, conformada por los departamentos de León y Chinandega. La mayor parte de la información contenida en este escrito ya fue publicada en el libro Chavalos de la Revolución y otros ensayos (2011).

Dicha unidad estaba formada por soldados permanentes del Ejército Popular Sandinista y reservistas voluntarios (estudiantes, obreros y campesinos). Yo estaba estudiando el primer año de secundaria en el Instituto Vocacional Manuel Ignacio Lacayo. Nos entrenamos durante los primeros 15 días de mayo de 1983 en las áridas tierras del Papalonal, Malpaisillo (en las cercanías del volcán Momotombo), León; estando nuestro campamento en un lugar llamado San Mauricio. Los reservistas voluntarios sintetizaban la unidad obrero-campesina-estudiantil, en días en que la unidad del pueblo y el Ejército eran la garantía de la victoria, como decía una consigna. Los jóvenes estudiantes provenían del Instituto Vocacional Manuel Ignacio Lacayo, de La Salle y del barrio Villa 23 de Julio.

Las principales misiones combativas de dicha unidad militar (cuyo número o código no he podido recordar) fueron cumplidas desde el 17 de julio de 1983 hasta el 25 de enero de 1984, en Las Segovias (departamentos de Madriz, Estelí y Nueva Segovia), enfrentando a la contrarrevolución somocista, apoyada por Estados Unidos. Fueron casi siete meses de experiencia militar, desde el entrenamiento inicial hasta la desmovilización.

La batería de morteros de 120mm., cumplió dos misiones combativas como fuerzas de infantería. La primera, en los Ranchos, municipio de Palacagüina. El propio 19 de julio de 1983. La contrarrevolución había emboscado a una camioneta de transporte civil. Recibimos la orden a las 12 del día y cuando la escuadra de exploración salió, en un camión IFA, escuchamos la parte final del acto del IV aniversario de la Revolución Sandinista, celebrado en León, y las notas del himno del FSLN. El combate duró entre cinco y seis horas. Al final recibimos refuerzos de parte de una compañía de los incipientes batallones de destino múltiple.

 

La segunda misión fue la persecución de fuerzas contrarrevolucionarias en la comarca el Regadío, municipio de San Juan de Limay, Estelí, durante 15 días, en el mes de agosto de 1983. El enemigo evadió el combate y no cayó en las emboscadas que se le prepararon, en el territorio donde pocos días antes, el batallón de reserva 25-90, de Chichigalpa, había sufrido varias bajas. En esta misión yo no participé por estar enfermo de malaria y me dejaron en la base militar de Condega para cumplir el tratamiento.

Gracias a la aguda memoria y a los apuntes del doctor Xavier Lara Toruño, médico, especialista en cirugía, puedo reconstruir la estructura de lo que nosotros llamábamos simplemente la Batería.

Los miembros permanentes del E.P.S., eran: Alfonso Ruiz Blandón (primer jefe, muerto en junio de 1983; en el Fortín de Acosasco, en un frustrado intento de sabotaje cometido por dos infiltrados, uno de los cuales murió al ser repelido; el otro, fue capturado en la vela de Ruiz Blandón, quien era originario de San Nicolás de Oriente (hoy municipio de Estelí), donde fue enterrado. Se dice que los saboteadores querían disparar morteros desde el Fortín de Acosasco hacia la ciudad de León. Ruiz Blandón dirigió el entrenamiento, que finalizó con una maniobra, cuando se estaba considerando enviar a la Batería a combatir en el Porvenir, Jalapa.

Enrique Romero “Cerro Negro” (segundo y último jefe; al que todos llamábamos simplemente el Jefe, o como le gustaba decir a Yader Silva: el Juliet Mayor), Santos Antonio Rosales Herrera “Tigre Guerrero” (jefe del primer pelotón), Reynaldo Montoya Larios “la Vieja Pancha”, Santeliz, Marvin Antonio Catín (Catismith), Juan  Meza Rojas “Butaco”, Fabio Marcial Pineda Pérez “Chibolón” (jefe del segundo pelotón), Mauricio Medina Meza “Llanta Ponchada” (jefe del tercer pelotón) y Denis Munguía “Manduco” (jefe de la escuadra de exploración). Romero dirigió a la Batería desde el 17 de julio de 1983, cuando se aplicó el plan de aviso para la movilización hacia la frontera norte, que entonces era el principal escenario de la guerra contrarrevolucionaria.

Los conductores, también soldados permanentes, eran: Francisco Carvajal, Domingo Carvajal, “Mechón Blanco”, Juan “Chiquito”, Juan Pablo Carvajal, “Marracutín”, César Centeno y Luis Manuel Manzanares.

Los reservistas voluntarios éramos, en mayo de 1983, los siguientes: Xavier Lara Toruño (Jefe Político), Denis Hernández (Cabito), Marcelo Pereira, Armando Centeno, Santiago Espinales “Chago Reservista”, Yader Francisco Silva Trujillo “el Genocida” (q.e.p.d.), Mario Silva Novoa, Jairo Paiz, Mario Gutiérrez “Hijodepueta”, Marcio Montoya, Hugo Berríos Calderón (q.e.p.d.), Álvaro Jarquín Romero “Guanacaste”, Gerson Bonilla Medina, Israel Baquedano Meléndez, Francisco Quiñónez, Abraham Hernández, Gerardo Mendoza (Managua), Wilmer Gómez Acuña “Chibola”, Luis Sánchez Rubí, Mercedes Alvarado, José Miguel Amaya Carmona “el Palestino”, Pedro Esquivel "Pedrín", Eugenio Castillo Altamirano (Chichín), Pedro Urbina “la Hiena”, César Pizarro Martínez, Reynerio  Rivera Herrera “Puchín”, Noel Valle “el Flaco Valle”, “el Perro” Morales,  Patricio González, Ursus, José Antonio Villegas “Pescado Lucio”, Rafael Lindo, Ramiro Munguía “Condorito”, Julio Rojas “Nemátodo Loco”, Pacheco, Harold Flores Montoya y su hermano Álvaro Flores Montoya (el Llorón, quien era como tres meses menor que yo, más bajo y aparentaba más edad que yo), Juan Carlos López Escalante “el Sargento”, Francisco Cisneros “Pucho de Pelo” y yo, Edén Lenin Fisher Chavarría.

La Batería fue clave para derrotar y expulsar a la contrarrevolución en el sector de la aduana terrestre del Espino, en el departamento de Madriz, fronterizo con Honduras, entre el 18 y 21 de septiembre de 1983. Según Miguel Amaya Carmona, fue el propio capitán Laureano Mairena, jefe de las Tropas Guardafronteras (TGF), en las Segovias, quien llegó al cementerio de Somoto, a darle la orden a Enrique Romero para que la Batería se dirigiese a reforzar a las tropas del EPS y las milicias, en la aduana del Espino, tomada por unos 500 contrarrevolucionarios, cuyo cabecilla era un tal “Santiago”, el cual fue abatido por un miliciano del lugar. Agresión desde Honduras, acompañada de una emboscada de contención en la carretera Somoto-el Espino.

La Batería también reforzó al batallón 40-14, de León, el 22 de diciembre de 1983, cuando sufrió alrededor de 20 bajas efectivas, en el cerro la Pedregosa, entre Mozonte y San Fernando, Nueva Segovia [el primer combate, en Nicaragua, donde se usaron las baterías radiactivas BM-21 o Katiuskas, según Carlos Fonseca Terán, en el prólogo del libro Antisistémico (2006), que alcanzaron a una tropa de unos mil contrarrevolucionarios, acampados en el cerro el Mogotón, el pico más alto del país].

Asimismo, la batería de morteros dirigida por Romero fue decisiva en un combate en el sector de Murra y Quilalí, en enero de 1984, en el que se apoyó a un Batallón de Destino Múltiple y durante el cual, la escuadra de exploración (que siempre estaba en la primera línea de fuego de la infantería), pudo ver con asombro un arma nueva: el lanzagranadas AGS-17, más conocido como “la Araña”, debido a que su trípode le daba un aspecto de arácnido.

El primer jefe Ruiz Blandón era de piel blanca, muy serio, tenía el aspecto típico de un militar, porte atlético y técnicamente capacitado. En cambio, nuestro segundo jefe, Romero, era piel oscura, moreno diríamos, pelo crespo, gordito, barriga notoria, un poco desgarbado, campechano y de fácil sonrisa. Podría decirse que Romero era la antítesis del estereotipo físico del militar. Ambos jefes tenían el grado de teniente. Eran dos personalidades distintas. Sin embargo, Romero era firme a la hora de sancionar a los indisciplinados, como cuando le ordenó a su primero y segundo exploradores hacer un refugio tipo “L”, por haber disparado sus fusiles AK-47, una mañana, sin ninguna justificación. Faltas de adolescentes y jóvenes, voluntarios defendiendo la Revolución, un tanto indisciplinados.

Enrique Romero, al que, por supuesto, ninguno de sus subordinados nos atrevíamos a llamarle Cerro Negro, según recuerdo tenía un nivel escolar de primaria y poseía una capacidad natural para dirigir el fuego de artillería, con los morteros de 120mm. Romero tenía un don especial para calcular rápida y efectivamente los disparos; siempre necesitó únicamente tres disparos para finalizar la triangulación, excepto en una ocasión, en que hizo cuatro disparos, antes de ordenar el fuego artillero en salva, que todo el tiempo fue exacto y provocó la retirada de la contrarrevolución, a la segunda o tercera salva. Incluso, en una ocasión, solamente con dos disparos dio en el blanco y después ordenó la salva.

Lamentablemente Enrique Romero murió en el año 2017, de causa natural, relacionada con enfermedades crónicas. La última vez que lo vi fue en los primeros días de diciembre de 1999. Una noche tomé un taxi, para que me llevara del sector del campo Victoria hasta Sutiaba. Mi gran sorpresa fue que el conductor del taxi era mi ex-jefe de batería de morteros de 120mm. Romero se alegró de verme, se puso nostálgico recordando a los miembros de la batería de morteros y le gustó mucho que una gran parte continuamos estudiando. Me dijo: yo siempre le hablaba orgulloso a mis compañeros del Ejército, sobre la gran calidad de la batería de morteros de 120mm., de cómo eran esos muchachos que la conformaban. Esos muchachos eran lo máximo, les contaba. A mí, esas palabras me sonaron como un gran reconocimiento personal y colectivo, casi como una medalla de oro. Eran palabras del propio Jefe.

Y me recordó cuando, como miembro de la escuadra de exploración, vigilando en pleno sol del mediodía, detecté con el goniómetro, que bajaban tres contrarrevolucionarios desde un alto cerro hondureño, a la izquierda de la aduana del Espino, buscando como emplazar una pieza de mortero, para dispararle a nuestra batería. Por supuesto que, el Jefe, Romero, Cerro Negro, el Juliet Mayor reaccionó, ordenó triangular y con dos salvas neutralizó el intento enemigo.

Antes de bajarme del taxi, platicamos un rato más. Me despedí con mucho respeto, admiración y nostalgia. Le di la mano, le dije lo mucho que me alegraba haberlo visto otra vez, que se cuidara y me saludara a todos los compañeros ex-miembros de la batería de morteros de 120mm. Me dejó en la rotonda de San Mateo, enfrente de la casa de mi papá y se fue, alegre, sonriente, en su taxi.

Dedico este pequeño escrito a la memoria de Enrique Romero, un hombre leal a la Revolución Popular Sandinista, que fue uno de los héroes que la defendió.

 

Nota: Yader Francisco Silva Trujillo falleció en el mes de febrero del año 2008. Hugo Berríos Calderón murió el 24 de septiembre de 2009. Enrique Romero falleció en el año 2017.

 

Managua, Nicaragua, 5 de agosto de 2022

Escritos de Lenin Fisher: reflexiones sobre la vida e historia de Nicaragua.

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Referencias

 

Fisher, L. Chavalos de la revolución y otros ensayos. Universitaria. León, Nicaragua. 2011: 254

https://es.scribd.com/document/381098908/Chavalos-De-La-Revolucion-y-Otros-Ensayos-Lenin-Fisher-pdf

https://dokumen.tips/amp/documents/chavalos-de-la-revolucion-y-otros-ensayos.html

https://juanjose63.files.wordpress.com/2015/03/chavalos-de-la-revolucion.pdf

 

Fisher, L. Antisistémico. Universitaria. León, Nicaragua. 2006: 224

https://docplayer.es/24962074-Antisistemico-lenin-fisher.html

https://kipdf.com/antisistemico-lenin-fisher_5ac28be71723ddf463340561.html

 


domingo, 31 de julio de 2022

GUERRILLEROS SANDINISTAS DE LEON: LOS SOBRINOS DE DON PAYIN

 

Guerrilleros sandinistas de León: los sobrinos de don Payín

 

Lenin Fisher

Los hermanos y primos Jáen fueron destacados guerrilleros sandinistas, originarios de León y que cumplieron misiones importantes.

 

Mis hermanos y yo supimos de ellos a través de las noticias o por medio de un tío de los Jáen, don Pablo Efraín Jáen Puerto (don Payín).

 

El más conocido, a nivel nacional, de todos los jóvenes leoneses, de apellido Jáen, que eran del Frente Sandinista de Liberación Nacional, fue Marcio Jáen, quien fue compañero de prisión de Tomás Borge Martínez (uno de los co-fundadores del FSLN). Torturado y aislado, Marcio fue también motivo de manifestaciones y protestas de estudiantes universitarios y de secundaria, en diferentes ciudades del país, en 1977 y 1978. Todavía recordamos aquella consigna que decía: ¡Para Marcio y Tomás…que no los aíslen más!

 

Cuando conocimos a don Payín, en enero de 1979, ya sabíamos de Marcio Jáen. Pero en mayo de ese año, él nos contó la mala noticia recibida por una familiar suya, madre de un guerrillero sandinista, que había muerto en la montaña. Don Payín se refería a su sobrino Alberto Jáen como Esteban. Según el comandante guerrillero René Vivas, en el combate de Siuna, Alberto Jáen (Alfredo), murió en el intento de neutralizar una ametralladora pesada, de calibre 30, emplazada en un torreón del cuartel de la Guardia Nacional (GN), objetivo que se alcanzó. Los guerrilleros eran parte de los sobrevivientes de la Brigada Pablo Úbeda, impulsada por la tendencia Guerra Popular Prolongada, desde 1974, que se desplazaron desde la región del Kilambé y Bosawás hacia Las Minas, como resultado del operativo contrainsurgente Águila VI, de la Guardia Nacional y el Condeca, asesorado por Estados Unidos.

 

Al que conocimos personalmente, en el primer trimestre de 1979, fue a Denis Callejas Jáen, un joven que formaba parte de la Escuadra Táctica de Combate del barrio San Felipe. Durante un combate diurno, en el barrio, entre abril y mayo de 1979, fue herido por una bala de fusil Galil, en una de sus mejillas. La bala entró a la boca en el preciso momento en que Denis gritaba y solamente afectó tejidos blandos. Don Payín le decía “Lenguita” por ese hecho; pero según José Antonio Villegas (Pescado Lucio), sus compañeros de combaten le decían “Traga Bala”. Durante la ofensiva final, de junio-julio de 1979, fue escolta de Leopoldo Rivas Alfaro, portaba el radio-comunicador y llevaba a este último a dormir a la casa que alquilaba don Payín, la cual estaba situada de la esquina del antiguo estanco Las Brisas del Pochote, media cuadra al norte. Denis aparece en una fotografía, con un fusil Fal y cargando el radio-comunicador, junto al estado mayor Tercerista del FORLP, en la calle del lado oeste del Parque Central. Fotografía publicada en las tres ediciones del libro La toma del búnker de Somoza (2016, 2017 y 2020).

 

Finalmente, conocimos a distancia, a Fanor Urroz Jáen (Mariano), porque don Payín nos decía, con orgullo, cuando miraba a su sobrino: ¡Allá va Fanor!, quien se desplazaba por la ciudad, durante la ofensiva final, en un jeep Gurgel, color blanco, que había sido recuperado y escondido por guerrilleros sandinistas en la insurrección de septiembre de 1978, según Francisco José Jarquín Ramírez (Camilo), uno de los co-fundadores del Frente Occidental Rigoberto López Pérez (FORLP).  Fanor por orientaciones del FSLN estudió, algunos años, leyes, y en otro momento medicina. Había sido expulsado de la tendencia Proletarios cuando Iván García Abarca lo reclutó para la tendencia Insurreccional o Tercerista. El tiempo demostró que fue una adquisición valiosa. Fanor fue miembro del cuarto estado mayor del FORLP, a partir de los primeros días de mayo de 1979.

 

Fanor dirigió los ataques al cuartel departamental de la GN desde el 4 hasta el 20 de junio, cuando liberaron a la ciudad de León, obteniendo así la primera victoria militar de relevancia estratégica del FSLN sobre la GN. Fanor aparece en varias fotografías del 20 de junio de 1979, día de la liberación de León, sin camisa, como acostumbraba dirigir los combates (fotografías publicadas en las tres ediciones de La toma del búnker de Somoza), preparando el asalto final, con la tanqueta Aracely, cuando capturan a los prisioneros y discuten la distribución de las armas recuperadas.

 

Posteriormente, el Frente Occidental realizó su avance ofensivo hacia Managua y en el combate para tomar el cuartel municipal de la GN, en Nagarote, muere Fanor Urroz Jáen. Su hermano Denis se regresó a León, acompañando a su hermano muerto, por lo cual no continuó en el avance hacia la capital. La mala noticia entristeció a don Payín, el 18 de julio; pero al día siguiente, 19 de julio de 1979, el Frente Occidental entró a Managua y tomó el control del búnker de Somoza y la Loma de Tiscapa. Tristeza por los caídos y alegría por el triunfo revolucionario.

 

Managua, Nicaragua, 31 de julio de 2022

Escritos de Lenin Fisher: reflexiones sobre la vida e historia de Nicaragua.

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jueves, 28 de julio de 2022

SUMANDO VIGORES, BAYARDO ALTAMIRANO Y LA FUNDACION DEL FSLN

 

Sumando vigores, Bayardo Altamirano

 y la fundación del FSLN


Lenin Fisher

 

El pasado día martes, 26 de julio, en el programa Sumando vigores, de Canal 37 Extraplus, el periodista Néstor Espinosa entrevistó a Bayardo Altamirano (co-fundador del FSLN) y Rafael Casanova Fuertes (historiador), acerca de la fundación del Frente Sandinista, cuya fecha de referencia es el 23 de julio de 1961. El 23 de julio por la masacre de estudiantes en 1959, ocurrida en León; y 1961 por el sólido proceso de fusión del Frente Revolucionario Sandino (FRS) y el Movimiento Nueva Nicaragua (MNN), en Cuba, frecuentemente olvidado.

Un tema interesante, sin duda alguna, que da para más de un programa televisivo de una hora de duración. Sin embargo, no solo se habló de la fundación del FSLN, sino que se intentó abordar toda su historia hasta derrocar a la dictadura somocista en 1979. Y precisamente, esa fue una gran limitación porque hubiese sido mejor delimitarse al tema de la fundación, propiamente dicha, del Frente Sandinista, entendida ésta, como un proceso de unos cinco a seis años y no como una fecha específica, en la que hubo alguna reunión formal, con acta de por medio.

Teniendo en cuenta la edad de Bayardo Altamirano, co-fundador sobreviviente, un respetable octogenario, la delimitación del tema era casi obligatoria. Para muestra un botón: Altamirano olvidó y no le dieron tiempo de hablar sobre la importancia de la fusión del Frente Revolucionario Sandino (de la parte capturada en Honduras y que decidió viajar a Cuba, porque otra parte, no quiso viajar a la isla y optaron por regresar a México, donde re-estructuraron el FRS), con el Movimiento Nueva Nicaragua (MNN, al que pertenecían Carlos Fonseca, Silvio Mayorga, Tomás Borge y Germán Pomares), en la patria de Martí.

Tampoco pudo, Altamirano, recordar que, el FRS fue el primer movimiento guerrillero que incorporó el nombre de Sandino y también en haber asumido la bandera rojinegra del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Dos hechos que siempre reivindicó, orgullosamente, Edén Pastora Gómez (uno de los combatientes del FRS que no viajó a Cuba, por su origen conservador e ideas, en ese momento, anticomunistas).

No le dieron tiempo a Altamirano de señalar que el FRS, concretamente, Modesto Duarte y el propio Altamirano, son los autores de la letra del Himno Luchar y Vencer, el primer himno del FSLN, que fue escrito, musicalizado y cantado por primera vez, en Cuba. El himno fue posible debido a la sugerencia, la gestión, el apoyo, los instrumentos y el coro de compañeros cubanos. Además, este grupo de sandinistas participaron en el cerco defensivo de La Habana, durante la invasión contrarrevolucionaria en Bahía de Cochinos. Todos estos hechos refuerzan la idea de que el FSLN está en una fase avanzada de su proceso de fundación, en 1961, en Cuba.

Acerca de los dos grupos del FRS, el nombre de Sandino, la bandera rojinegra y el Himno Luchar y Vencer, se puede leer más detalles en dos valiosos testimonios publicados. El primero, del propio Altamirano: Voy a dar un pormenor (2008), en el cual, el nombre del autor aparece, sorprendentemente, escrito con “ll” y no con “y” (Ballardo). El segundo, de Luis Fisher Pérez (mi padre, uno de los capturados en Casa Colorada, en 1962), titulado: Mi vida, mi revolución (2010). Además, parte del testimonio de Altamirano fue publicado en Memorias de la lucha sandinista (Baltodano, 2011) y en entrevistas en El Nuevo Diario.

Todos esos detalles son antecedentes relevantes de la fundación del FSLN, que desafortunadamente no se mencionaron a lo largo del programa.

Cuando en 1962, Edén Pastora (con el segmento re-estructurado del FRS) negocia con Carlos Fonseca, en la desembocadura del río Guineo, afluente del río Patuca, el grupo fusionado del FRS-MNN, en Cuba, ya ha regresado a Nicaragua, o bien, está en Honduras.

Por otra parte, el primer Comandante Cero fue Humberto Ortega Saavedra, en el operativo para rescatar a Carlos Fonseca, de la prisión, en San José, Costa Rica (diciembre, 1969). El segundo, fue Eduardo Contreras (diciembre, 1974). El tercero, Edén Pastora Gómez (agosto, 1978). Y hubo un cuarto Comandante Cero, llamado así por su parecido a Edén Pastora, cuyo nombre era Noel Antonio Murillo Toruño, guerrillero urbano de León, que fue el segundo sandinista, después de Oscar Antonio Cortés Marín (el Chele Marcos), en entrar al búnker de Somoza, el 19 de julio de 1979, formando parte del Frente Occidental Rigoberto López Pérez (Comandantes Cero. Fisher, 2022; https://leninfisher.blogspot.com/2022/01/comandantes-cero.html).

Se habló de la división en tendencias; pero no de que la Insurreccional o Tercerista buscó la unidad y reconciliación con la GPP y los Proletarios. Sin embargo, al no ser escuchados, no les quedó otra opción que fundar una entidad autónoma y a la vez parte orgánica del FSLN. Tampoco se dijo nada del fracaso del foco guerrillero en la montaña.

Además, se señaló que Carlos Fonseca fue el principal fundador e ideólogo del FSLN, pero no se dijo nada sobre que murió aferrado al foquismo de la guerrilla campesina en la montaña, como parte de una lucha prolongada de más de 15 años, en ese entonces. Y consecuentemente, no aceptó la propuesta de los futuros líderes de la tendencia Tercerista: Eduardo Contreras y los hermanos Daniel y Humberto Ortega, que consistía en que Fonseca permaneciera en el extranjero (México, Honduras o Costa Rica) y ellos tres entrar a Nicaragua para buscar la unidad (Carlos Fonseca y sus tres grandes errores. Fisher, 2022; https://leninfisher.blogspot.com/2021/11/carlos-fonseca-y-sus-tres-grandes.html).

Sea este escrito un pequeño aporte o recordatorio sobre el estudio, análisis e interpretación de la historia de la fundación del FSLN.

 

Managua, Nicaragua, 28 de julio de 2022

Escritos de Lenin Fisher: reflexiones sobre la vida e historia de Nicaragua.

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martes, 26 de julio de 2022

TRAIDORES E INFILTRADOS EN EL FSLN

 

Traidores e infiltrados en el FSLN

 

Lenin Fisher

 

A lo largo de su heroica lucha, por la transformación revolucionaria de la sociedad nicaragüense, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), ha sufrido los efectos negativos de traidores y de agentes enemigos infiltrados.

Si bien es cierto que los traidores e infiltrados no merecen ser recordados, el presente escrito tiene por objetivo abordar, desde una perspectiva histórica, los hechos, en su contexto determinado.

Julio Corrales, es mencionado en La paciente impaciencia (Borge, 1989), como alguien que introdujo y sacó, varias veces, a Carlos Fonseca, desde Honduras, que conocía bien todas las veredas, puntos ciegos y caminos para entrar y salir hacia el vecino país del norte, y que fue uno de los capturados cuando la Oficina de Seguridad Nacional (OSN) y la Guardia Nacional (GN) detectaron la primera escuela militar del Movimiento Nueva Nicaragua (MNN), en Casa Colorada, El Crucero, en 1962 (p. 172).

La descripción que Borge hace de Corrales, suena extraña y sospechosa, cuando un pequeño grupo de guerrilleros, en Raití-Bocay, navegan en cayuco, ayudados por mískitos; pues Corrales apareció, solo, en la ribera. Tomás Borge apunta que no sabe qué hacía ahí; si había ido a una finca cercana donde alguna amistad, o quién sabe qué. Luego, Borge describe como naufragaron en el río el Guayape; desastre en medio del cual, Corrales se aferró a un barril de gasolina, medio vacío, y murió ahogado.

Cito textualmente a Borge:

Aún estábamos en el [río] Guayape cuando desde la ribera un hombre nos hizo señales agitadas. Como nos pareció conocido, nos acercamos a la orilla. Era Julio Corrales, somoteño, muy joven, buen caminante, impulsivo, conocedor hasta con los ojos cerrados de las veredas por las que transitaban contrabandistas y guerrilleros entre Honduras y Nicaragua. Por ellas trasladó, en varias ocasiones, a Carlos Fonseca. No recuerdo qué hacía ahí. Había llevado una ayuda a unos amigos del río, iba de tránsito al MP [campamento Mario Pastrana, en el Guayambre]…Quién sabe. Se fue con nosotros (p. 198).

Alrededor de 2010-2011, yo fui testigo de una conversación en la casa de Edén Pastora Gómez, en Managua, entre Pastora y Luis Fisher Pérez (ambos antiguos integrantes del Frente Revolucionario Sandino. Fisher, además, fue uno de los capturados en Casa Colorada); conversación en la que Pastora preguntó: ¿Te acordás de Julio Corrales?, aquél que murió ahogado en un río, en Raití-Bocay. Sí, respondió Fisher. Pues ese, era infiltrado. Cuando triunfó la Revolución, nosotros encontramos información de él en los archivos de la OSN, agregó Pastora. Y Fisher respondió: ¡Cómo vas a creer!

En 1967, entre los sandinistas que estaban en la clandestinidad abierta, o sea, con una mampara legal, se encontraba Gustavo Regalado, un agente de la OSN infiltrado en las estructuras del FSLN, según Ortega Saavedra, en La epopeya de la insurrección (2017; p. 236), cuando se refiere a las fuerzas sandinistas en la resistencia urbana.

En México, el ingeniero José Ovidio Puente León era un veterano colaborador azteca del FSLN, porque desde los primeros años de su fundación siempre apoyó a la organización político-militar. Sin embargo, Puente León era un agente de los servicios de inteligencia mexicanos, a los cuales siempre mantuvo bien informados de las actividades de los sandinistas en la tierra de Emiliano Zapata, Francisco Villa y Benito Juárez. Cuando Carlos Fonseca fue liberado, en octubre de 1970, de la prisión en Costa Rica, por la acción comando dirigida por  Carlos Agüero, el segundo comandante Cero, fue trasladado a México, junto con Humberto Ortega y otros prisioneros, donde se reunió, en el D.F., antes de viajara a Cuba, con personalidades como Edelberto Torres, la doctora Concepción Palacios y el doctor José Córdoba Boniche, así como destacados militantes como Tomás Borge Martínez, Edén Pastora Gómez, Bayardo Altamirano y Henry Ruiz. La reunión fue de análisis político y en ella también estuvo presente Puente León. Sobre la labor de agente de la inteligencia mexicana de Puente León, creo haber leído en La Paciente Impaciencia, de Borge Martínez, o en una entrevista de Pastora Gómez. Esto lo revisaré y confirmaré muy pronto. Aunque este tipo de infiltración tuvo otra connotación, en términos prácticos, refleja como los servicios de seguridad, espionaje o inteligencia estaban interesados en conocer de las actividades del FSLN.

En Cuba, en 1972, como parte del contingente de jóvenes sandinistas que llegaron a entrenarse militarmente, se encontraba un oficinista, cuyo pseudónimo era "Fernando", quien era un infiltrado somocista y fue descubierto cuando transmitía información por vía inalámbrica, desde La Habana a la Oficina de Seguridad Nacional, en Managua, Nicaragua. Formaban el grupo mencionado los siguientes revolucionarios: Camilo Ortega, Edgard Munguía, Francisco Rivera, Juan de Dios Muñoz,  Angela Morales, Juan José Úbeda, David Blanco, Doris Tijerino, Venancio Avendaño, Gilberto Bervis, Mario Torres, Manuel Avilés y la chilena Gladys Zalaquett, de acuerdo a Humberto Ortega, en el subcapítulo titulado El FSLN en Cuba, del libro La epopeya de la insurrección (2004; p. 225-226).

Roberto “Tito” Chamorro: bajó de la montaña, en 1976, por enfermedad y al llegar a Granada, fue capturado por la GN. Brindó valiosa información sobre la guerrilla en el norte del país (integrantes, rutas, lugares, campamentos, colaboradores, etc.), sin importarle que ponía en peligro la vida de su hermana, Claudia Chamorro, una guerrillera que moriría combatiendo en 1977. También es mencionado en La paciente impaciencia, como uno de los factores que incidió en la muerte en combate de Carlos Fonseca, el secretario general, ideólogo y principal fundador del FSLN, el 8 de noviembre de ese año.

Marvin Corrales Irías: es mencionado en el libro En el mes más crudo de la siembra (Suárez, 2015), donde se describe que traicionó y delató a quienes venían procedentes de Cuba, en 1978, lo cual influyó en la muerte del guía (Mauricio Cajina Pérez) y la captura de Doris Tijerino, aunque logró escapar José Benito Escobar; hecho ocurrido en el Tablón, en el sector de El Espino, departamento de Madriz. Posteriormente, delató a Escobar, en el mes de julio, en la ciudad de Estelí, después de lo cual, le dispararon por la espalda a José B. Escobar. Según William Grigsby, en el programa Sin Fronteras, del 14/4/2023, Corrales Irías había sido capturado por la Guardia Nacional y no resistió las torturas, tras lo cual se convirtió en colaborador de los órganos de seguridad somocista, asumiendo el pseudónimo de Macoy. Tenía la misión de entregar a los dirigentes del FSLN. Era tan hábil, que al triunfar la Revolución Popular Sandinista, Macoy se incorporó a la Junta de Gobierno de Reconstrucción Municipal de la ciudad de Somoto. Pero la revisión de los archivos somocistas, en Managua, reveló que era colaborador de la GN y el FSLN lo sacó del gobierno municipal somoteño y lo condenaron a 30 años de prisión. Posteriormente, el arzobispo Obando y Bravo intercedió por él y logró sacarlo de la cárcel.

En la ciudad de León, un tipo apodado "el Chino", cuyo nombre era Rafael Castillo (según el libro Raíces de guerra, escrito por Pedro Sampson), estuvo infiltrado entre los guerrilleros sandinistas que participaron en la Insurrección de Septiembre de 1978, después de la cual, se integró abiertamente a la Guardia Nacional. Patrullando las calles de la ciudad, en los temidos jeeps de la BECAT (Brigada Especial Contra Ataques Terroristas), se dedicó a reconocer, denunciar, capturar y asesinar a los jóvenes sandinistas. Por ejemplo, "el Chino" identificó, llamó por su nombre e insultó a Ramón Larios Brenes, un adolescente de 15 años de edad, asesinado por la GN, el 20 de abril de 1979, en el sector del Pochote, en el barrio de San Felipe.

"El Chino" también identificó a Gerardo Hernández (el Pacífico), cuando fue capturado, en León, en abril de 1979, junto a un importante colaborador conocido como "el Tío Harry". Al triunfar la Revolución, "el Chino" se encontraba herido en el Hospital Militar y pasó a ser resguardado por la Cruz Roja Internacional.

En el mes de abril de 1979, un objetivo específico durante la segunda insurrección de Estelí era capturar al traidor Juan José Zamora (el Cherry), quien conocía casas de seguridad, campamentos, nuevos reclutados, rutas y la red de colaboradores de los sectores norte y sur de la ciudad de Estelí. El Cherry fue responsable de las masacres que ejecutó la Guardia Nacional en Santa Cruz, la Montañita y San Roque, asesinando a civiles inocentes, incluyendo familias enteras, niños y ancianos, según relatan Lazo y Hernández, en el libro De mi barrio salieron los muchachos (2013).

Por otra parte, Francisco Rivera (el Zorro o Rubén), en el libro La marca del zorro (Ramírez, 1989), precisamente en el capítulo titulado Metidos en la ratonera, dice textualmente, después de regresar del “Congresito” de los principales mandos de la tendencia Insurreccional o Tercerista, en Panamá, entre enero y febrero de 1979, lo siguiente:

Cuando regresé [a mediados de marzo] al campamento de El Tular me hallé con la novedad de la traición de Cherry. El buzón descubierto, perdidas las armas, los Benavides asesinados, la gente que nos seguían matando en la ciudad y en los campos a causa de sus denuncias. Ordené entonces que lo buscaran a como diera lugar para que lo ajusticiaran, y no pocos planes y emboscadas fueron organizados para cazarlo. No pudimos conseguirlo, y yo penaba por eso. Su saña era tal que llegaba a dejar los cadáveres de los colaboradores asesinados cerca de los campamentos, amarrados de manos, visibles las señales de la tortura, los golpes, las quemaduras del chuzo eléctrico, las heridas.

A dos tenía yo en la mira: a Cherry, y al torturador famoso de Estelí, Migdonio, aquel vendedor ambulante de Kola Shaler que había sido mi compañero de pupitre en la escuela de párvulos. Pero a ambos los tenía la Guardia bien resguardados, casi no los dejaban salir del cuartel.

Cherry había puesto en peligro las redes de colaboradores, era cierto (p. 19).

Róger Adrián Miranda Bengoechea: economista, troskista, que desde inicio de los años 70 ya era un agente infiltrado. Resultó ileso, en un tiroteo, en Granada. Estuvo en Chile, en tiempos del gobierno de Salvador Allende, donde desapareció misteriosamente, para luego aparecer en México. Tanto en Chile como en México, de pronto, aparecía con mucho dinero y en vehículo.

Durante la ofensiva final, en Masaya, es muy probable que, la información de inteligencia que brindó, haya sido una pieza clave en la masacre de 11 jóvenes guerrilleros de La Reforma, el 6 de junio de 1979, quienes conformaban la mejor escuadra de la tendencia Tercerista. Así como en la presencia de gran cantidad de refuerzos de la GN, en Ticuantepe, antes del ataque guerrillero y el bombardeo certero sobre la casa del estado mayor sandinista, donde resultó herido Hilario Sánchez, quien era el jefe del estado mayor del Frente Sandinista en Masaya, en los primeros días de julio de 1979, por lo que Bengoechea asumió el puesto de Sánchez.

Después del triunfo de la Revolución Sandinista fue uno de los traidores más connotados y que representó la mayor infiltración, la penetración al más alto nivel del Ejército Popular Sandinista, mejor lograda por los enemigos de la Revolución. Entregó a la Agencia Central de Inteligencia valiosa información sobre los planes de defensa que impulsaban el Gobierno, la Dirección Nacional del FSLN y el alto mando del Ejército Popular Sandinista, relacionados con la ayuda brindada por Cuba y la extinta Unión Soviética. Su deserción ocurrió en el mes de octubre de 1987, salió del país en el avión presidencial "19 de Julio" y al día siguiente apareció dando declaraciones en el Congreso de Estados Unidos, transmitidas por televisión, después de lo cual fue protegido y le garantizaron vivienda, salario y trabajo. Murió en California, el 29 de abril de 2023, a causa de un cáncer recidivante.

Una descripción interesante, hecha por Glauco Robelo, sobre el caso Miranda Bengoechea está registrada en el libro Memorias de la lucha sandinista (Baltodano, 2011).

Edén Pastora Gómez: abandonó la Revolución, en 1982, y formó la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), en territorio de Costa Rica, para desde ahí agredir a la Nicaragua. Ese fue el frente sur de la contrarrevolución apoyada por Estados Unidos. En los primeros años del siglo XXI regresó al FSLN y se mantuvo apoyando al gobierno sandinista hasta que falleció.

Mi padre me puso como primer nombre Edén, en homenaje a su amistad con Edén Pastora Gómez, a quien conoció en la adolescencia, en la ciudad de Estelí y con quien compartió siendo miembros del FRS. Cuando supimos de la traición de Pastora, en la década de 1980, yo le reclamaba a mi padre por haberme puesto ese nombre. ¿Por qué me pusiste ese nombre, el nombre de un traidor?, le preguntaba y le decía que yo quería cambiarme el nombre. Y mi padre guardaba silencio y me miraba, para después decirme: Edén es una gran persona. Si vos no tenés camisa y él tiene una, él se quita su camisa y te la da a vos. Así es Edén, me respondía.

En el libro La paciente impaciencia, Tomás Borge Martínez señala que después del triunfo sandinista en 1979, se encontró información acerca del papel de doble agente de Harold Martínez, hermano de Alejandro Martínez, uno de los fundadores del movimiento guerrillero Frente Revolucionario Sandino (FRS). Textualmente lo dice así: Cuando triunfó la revolución, se encontró en archivos el nombre y las actividades de Harold Martínez como agente activo y confidente de la seguridad somocista (p. 193). Harold, junto a Edén Pastora, un mexicano y algunos indígenas Sumus (hoy llamados Mayangnas) se encontraron, en Piedra Chata, Río Patuca, con un grupo del Frente de Liberación Nacional (FLN), que preparaba condiciones para la jornada guerrillera de Raití-Bocay, en 1963. Según Borge, ni Harold, ni Pastora, ni el mexicano se unieron al grupo encabezado por Santos López y Carlos Fonseca, en cambio, los Sumus colaboraron de inmediato (p. 192-193).

Después del 25 de abril de 1990, cuando empezó a gobernar la derecha somocista y neoliberal, es decir, cuando el FSLN perdió el poder, entonces, no pocos comenzaron a abandonar el barco del ideal revolucionario.

En ese contexto, surgió la corriente partidaria llamada Por un sandinismo que vuelva a las mayorías, cuyos integrantes se retiraron del FSLN y formaron posteriormente el supuesto Movimiento Renovador Sandinista (MRS), en 1995, cuyos líderes más notorios fueron Sergio Ramírez Mercado y Dora María Téllez Argüello; pero tras bastidores estaban Humberto Ortega Saavedra y Antonio Lacayo Oyanguren (secretario de la presidencia y yerno de Violeta Barrios, la primera presidente neoliberal del país). El gran objetivo de este grupo era volver al FSLN un partido socialdemócrata. También a este grupo se sumó Henry Ruiz Hernández. En las elecciones presidenciales de 1996, el MRS logró menos del 2% de los votos, es decir, fue un fracaso total.

Posteriormente, en 2005, surgió el grupo de Mónica Baltodano y Julio López, mal llamado Movimiento por el Rescate del Sandinismo. El golpismo extremista del año 2018, apoyado por Estados Unidos, reunió a todos los traidores del FSLN, después de abril de 1990, entre ellos a algunos  que fueron comandantes de la Revolución, pero que ahora no merecen llamarse por ese cargo honorífico, como:  Luis Carrión Cruz, Jaime Wheelock Román, Henry Ruiz Hernández y Humberto Ortega Saavedra. En abril de 2018, se hizo público el regreso al FSLN, de parte de otro comandante de la Revolución, Víctor Tirado López, quien se había alejado durante varios años.

Nota: este artículo está en construcción.

Managua, Nicaragua, 26 de julio de 2022; 15/4/2023.

Escritos de Lenin Fisher: reflexiones sobre la vida e historia de Nicaragua.

leninfisherblogspot.com

https://leninfisher.blogspot.com/2022/07/traidores-e-infiltrados-del-fsln.html

jueves, 21 de julio de 2022

LA BATALLA POR LEON: EL DESEQUILIBRIO DE LA OFENSIVA FINAL

 

La batalla por León: el desequilibrio de la ofensiva final

 

Lenin Fisher

 

Sergio Rodríguez Gelfenstein, un combatiente internacionalista en Nicaragua, en el Frente Sur Benjamín Zeledón, entre los meses de junio y julio de 1979, brindó una entrevista a Hernán Cano, en Venezuela, la cual fue publicada en Sputnik, el 18 de julio.

Rodríguez, un escritor, investigador y analista político venezolano, que también fue fundador del Ejército Popular Sandinista, señala que, el 20 de julio de 1979 fue el mejor día de su vida. Precisamente el día de la celebración multitudinaria del triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

De acuerdo a Rodríguez, el contingente internacionalista fue enviado, desde Cuba, por Fidel Castro. El líder de la Revolución Cubana les planteó al grupo de combatientes latinoamericanos la misión de ir a combatir a Nicaragua, junto al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Y agrega que: Fidel nos planteó que el equilibrio en Nicaragua lo tenía que romper el Frente Sur.

 

En 1979, Rodríguez Gelfenstein, tenía 22 años, era teniente, jefe de una batería de artillería y tenía a su cargo 64 soldados, seis obuses de 122mm., de calibre y era prácticamente, un oficial regular del ejército cubano.  El contingente internacionalista fue reconcentrado en un lugar llamado Punto Cero, una de las escuelas en las que se formaban guerrilleros de otros países.

 

En ese lugar les informaron que tenían que prepararse porque irían a Nicaragua. Por la noche, llegó el propio Fidel Castro a plantearles la misión. A continuación, cito textualmente parte del valioso testimonio de este héroe venezolano, que ayudó a derrotar a la dictadura somocista:

 

La idea de Fidel es que había un equilibrio en Nicaragua que no se rompía y que para romper ese equilibrio tenía que romperse en el Frente Sur, creando un gran contingente que iniciara una ofensiva que rompiera con la forma de combate tradicional que tenían los sandinistas, que golpeaban y se retiraban. Para Fidel había que “golpear y quedarse, ocupar el territorio”. Decía que al llegar un gran contingente de combatientes internacionalistas, Somoza vendería la idea de que está luchando contra el comunismo internacional para pedir ayuda a todo el mundo. Esto obligaría a Somoza a concentrar la mayor parte de su fuerza militar en el Frente Sur, aflojando la tensión que tenían los otros frentes guerrilleros y permitiéndoles a los sandinistas pasar a la ofensiva. Esa fue la gran concepción estratégica de Fidel. Nos dijo: “ustedes tienen que entrar, avanzar lo más que puedan, cavar trinchera, quedarse ahí, resistir y crear un territorio liberado”. Esa fue la misión que él mismo nos planteó.

 

Los combatientes internacionalistas salieron de La Habana el 16 de junio de 1979. Durmieron en Panamá el día 17. El 18 de junio llegaron a Nicaragua en un avión de la fuerza aérea panameña, que facilitado por el general Omar Torrijos. Llegaron a un potrero que habían habilitado para aterrizar, en territorio de Costa Rica, a unos 20 kilómetros de la frontera con Nicaragua. La riqueza de la cita textual del testimonio de Rodríguez, también está reflejada en los siguientes párrafos:

 

Y fue Fidel, que iba diariamente allí [a Punto Cero], el que nos explicó qué estaba pasando en Nicaragua, la situación política, el tema de la unidad interna del Frente Sandinista, la concepción general de la guerra. Te digo más, en esa época no había proyectores, uno de esos días Fidel agarró una tiza y dibujó el mapa de memoria. Dónde íbamos a llegar, detalló las lomas, el río, los pueblos cercanos, la carretera, un nivel de detalle increíble, todo de memoria, tanto que cuando llegamos dijimos: “Fidel estuvo acá”. Y no, era un genio.

El mismo 18 tengo mi primer combate, que fue una locura, porque el jefe de una columna sin autorización del mando superior se trató de tomar una loma totalmente pelada, y mandó a las tropas sandinistas a cruzar el río y a avanzar. Y las ametralladoras las barrieron. Yo estaba allí dirigiendo el fuego de la artillería y me dan por radio la orden de retirada. Hubo decenas de bajas ese día. Ese fue mi bautismo de fuego en el Frente Sur, en un contingente donde había chilenos, uruguayos, salvadoreños, guatemaltecos y combatientes sandinistas que se estaban formando en Cuba y que los enviaron de vuelta, pero subordinados a nosotros. Era una cosa muy curiosa, un verdadero contingente internacionalista.

En algún momento quedó claro que el equilibrio se iba a mantener, nosotros no teníamos capacidad para romperlo, pero ellos no tenían la capacidad de derrotarnos. Sobre todo porque nosotros teníamos una logística abierta, teníamos la frontera con Costa Rica y por ahí nos entraba todo, nos podíamos seguir abasteciendo con municiones, armamento, comida, de todo. Y, efectivamente, Somoza concentró, primero a la EEBI, que era la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería, una fuerza de élite cuyo jefe era su hijo; y luego la poca aviación que tenía Somoza se concentró en el Frente Sur, la artillería también, tenían una batería de lanzacohetes múltiples que habían enviado los militares de la dictadura argentina. Fue un mes de tira y afloja, pero pasó, finalmente, lo que predijo Fidel.

 

Empezamos la marcha hacia el norte después del mediodía del 19 de julio, porque una vez que nos dan la orden de prepararnos para irnos a Managua teníamos que guardar las municiones, meterlas en caja, asegurarlas para el viaje, teníamos morteros enterrados, etc. Y era una marcha muy lenta, porque la gente salía a la carretera a saludarnos, nos regalaban mangos, café, querían subirse a los camiones con sus niños. Avanzamos, pero nos dan la orden de desviarnos y dirigirnos a la ciudad de Granada, que era cuna de la oligarquía nicaragüense, una ciudad muy reaccionaria, y yo creo que el Frente Sandinista quiso hacer una demostración de fuerza. Así que dormimos ahí, y salimos muy temprano para Managua. Allí, en el tramo final que hicimos hacia Managua la masividad de la gente en las calles fue impresionante. Al final, a nosotros nos dicen que debíamos ir a lo que se llamaba “el búnker de Somoza”, la Oficina de Seguridad Nacional, ahí dejamos la artillería, los camiones, las municiones, y los compañeros empezaron a ir a la plaza porque se sabía que en la plaza se estaba armando un gran acto de celebración. Y ese día, que fue el 20 de julio, fue impactante, estaban en la plaza los frentes guerrilleros, la dirección nacional del Frente Sandinista, la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y el pueblo volcado totalmente (…). Yo digo que ese fue el día más hermoso de mi vida.

 

El punto medular de este ensayo es el equilibrio de la guerra entre el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la Guardia Nacional (GN). El propio Fidel Castro creía que el equilibrio de esa guerra, en Nicaragua, lo tenía que romper el Frente Sur.

 

Este aspecto del testimonio de Rodríguez coincide con lo que hemos señalado en otros escritos y publicaciones, basados en la revisión bibliográfica, en que según el plan general de la ofensiva final o ininterrumpida, se esperaba conquistar una cabeza de playa, para el gobierno revolucionario provisional, en la frontera sur o en la propia ciudad de Rivas (en ambos casos, en el departamento sureño de Rivas), como se recuerda en Adiós muchachos (Ramírez, 1999).

 

La misión que el Comandante de la Revolución Fidel Castro le planteó a los internacionalistas fue: ustedes tienen que entrar, avanzar lo más que puedan, cavar trinchera, quedarse ahí, resistir y crear un territorio liberado. A eso ayudarían al Frente Sur; pero tal cosa nunca se logró.

En realidad, el equilibrio militar durante la ofensiva final, esa guerra a muerte entre el FSLN y la GN, se rompió en la ciudad de León, en el occidente del país, cuando los guerrilleros sandinistas logran tomar el cuartel departamental del ejército somocista, el miércoles 20 de junio de 1979, tras 16 días de cruentos combates, a partir del 4 junio, cuando inició la ofensiva final en la ciudad metropolitana.

La victoria militar del FSLN sobre la GN, en León, fue la primera victoria de carácter estratégico de los sandinistas sobre la dictadura somocista. León fue entonces, la primera ciudad importante, y a la vez, la primera cabecera departamental, que tomaron los guerrilleros sandinistas Y además, la primera ciudad que con sus fuerzas insurgentes, avanzó hacia Managua, al centro del poder, y finalmente, la primera en llegar con sus tropas, al comando central de Somoza y la GN, el búnker del dictador y el complejo militar de la Loma de Tiscapa.

Así el territorio liberado no fue una colina despalada, cerca de la frontera sur, ni la ciudad más al sur del país, sino que fue, nada más y nada menos que, la segunda ciudad en importancia de Nicaragua. Entonces, fue el Frente Occidental Rigoberto López Pérez, con sus columnas en León, el que capturó la primera ciudad y a la vez la primera cabecera departamental.

 

La importancia de la victoria militar del FSLN sobre la GN, en León, 20 de junio, fue reflejada, por el propio dictador Anastasio Somoza Debayle, en diferentes párrafos de su libro Nicaragua traicionada (Cox, 1980), que a continuación cito textualmente:

 

En mi opinión, la caída de León marcó el principio del desmoronamiento de nuestra situación militar (p. 316).

 

El Frente Occidental captura León y rompe el equilibrio de la guerra, el 20 de junio, cuando el contingente internacionalista de Rodríguez, tiene un poco menos de dos días de estar combatiendo en el Frente Sur. El desequilibrio militar, con un territorio liberado, la colonial y universitaria ciudad de León, la cuna del FSLN, fue reconocido al día siguiente por el gobierno de Estados Unidos, cuando propone la formación de una fuerza interamericana de paz (seguramente para mediatizar el triunfo de los rebeldes sandinistas). El 20 de junio, con la victoria sandinista en León, el FSLN se dio cuenta, aunque a algunos les cueste ahora aceptarlo, de que realmente podía vencer a la GN y derrocar a la dictadura somocista. La balanza de la guerra empezó a inclinarse a favor del FSLN y lo hizo de manera paulatina e inevitable. Los sandinistas jamás se retirarían de León. Todo lo contrario, avanzarían en ofensiva hacia Managua.

 

En cuanto al acto suicida de la GN, cuando rompió el cerco guerrillero, alrededor del comando departamental y la cárcel La 21, en León, el día 16 de junio de 1979, el dictador Somoza Debayle apuntó:

 

Así terminó León. Después de la batalla se adoptó la decisión de abandonar la ciudad totalmente y no hacer ningún esfuerzo por tratar de recuperarla (Cox, 1980; p. 315).

El 16 de junio, a la una de la tarde, la guardia somocista rompió el cerco guerrillero, a un alto costo, utilizando a civiles como escudo humano (como buen ejército fascista), y se dirigió al Fortín de Acosasco, quedando atrapados en el cuartel departamental un poco menos de 30 guardias. El dictador Somoza Debayle y el estado mayor de la GN dieron por perdida a la ciudad de León, desde el 16 de junio, cuando el contingente internacionalista de Rodríguez, todavía estaba en Cuba.

 

Y previendo el avance ofensivo del Frente Occidental hacia la capital, como sucedió, en efecto, el dictador Somoza señaló:

 

En Managua teníamos una fuerza de tres mil hombres esperando el ataque de los [guerrilleros sandinistas] que habían capturado León, y queríamos estar perfectamente preparados (Cox, 1980; p. 318).

 

En efecto, fueron las columnas de guerrilleros urbanos del sandinista Frente Occidental, que capturaron León, las que avanzaron hacia Managua. Somoza y su estado mayor tenían razón en ver a los guerrilleros de León como la verdadera o más próxima amenaza. En realidad, en el plan general de la ofensiva ininterrumpida nunca se contempló que León llegase a ser la cabeza de playa soñada, ni de que sus fuerzas avanzaran, en ofensiva, a Managua.

 

Se creyó que el rol principal lo jugaría el Frente Norte (las Segovias, Matagalpa y Jinotega). Además e increíblemente, se contempló el avance hasta la capital, a través del Frente Sur-Oriental (Chontales y El Rama), de la columna guerrillera Jacinto Hernández, aniquilada por la GN, en Nueva Guinea, a lo largo del mes de mayo de 1979. Pero a León, en el plan general mencionado, se le concedió un papel secundario o distractor, a nivel nacional, y también en la región occidental, donde Chinandega sería la ciudad que tendría el papel principal, alrededor de la cual, León realizaría su accionar. En pocas palabras, a León se le subestimó. La evidencia de tal subestimación, en el plan general de la ofensiva final, se encuentra en los libros La epopeya de la insurrección (Ortega, 2004) y Un pueblo en armas (Núñez, 2009). Como sabemos, en toda actividad humana las cosas no siempre resultan como se planifican. Los resultados inesperados ocurren desde la ciencia hasta la revolución social, a los cuales algunos les llaman serendipia (circunstancia de encontrar por casualidad algo que no se buscaba o esperaba).

De hecho, el Frente Occidental, fue el único frente guerrillero del FSLN que avanzó victoriosamente, derrotando a la GN en todas las posiciones donde la encontró, hecho excepcional reconocido por Fidel Castro Ruz y el estado mayor del Ejército de Cuba, quienes daban seguimiento a las operaciones militares de la ofensiva final, según el testimonio de Leopoldo Rivas Alfaro, cuando una delegación de guerrilleros sandinistas visitó la isla, para conmemorar el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1979.

Rivas Alfaro fue trasladado del Frente Sur al Frente Occidental, en abril de 1979, formó parte del estado mayor de este último y dirigió, desde el 14 de julio, las operaciones militares ofensivas hacia Managua, que permitieron avanzar casi 100 kilómetros, en cinco días, liberando, en cruentos combates, los municipios de La Paz Centro y Nagarote, derrotando además a la GN en un punto estratégico como el empalme de Izapa (sitio donde confluyen dos carreteras que llevan a la capital), a pocos kilómetros de la base militar de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), conocida como el Tamarindo, que funcionaba como centro de entrenamiento en armamento, hasta entrar a Managua, al amanecer del 19 de julio, al mando de un convoy de casi mil guerrilleros sandinistas, encabezados por dos tanques Sherman y cuatro tanquetas, recuperados a la GN.

Ahora sabemos, por el testimonio de Rodríguez, que el comandante Fidel esperaba que el equilibrio militar, en la ofensiva final, entre junio y julio de 1979, lo rompiera el Frente Sur, el cual era el frente guerrillero mejor armado, desarrolló una cuasi guerra de posiciones y contaba con la retaguardia estratégica en Costa Rica. Este reconocimiento al Frente Occidental (por la cabeza de playa y el avance ofensivo hacia la capital), de parte del propio Fidel y los altos mandos del ejército cubano, representa un acto de justicia y humildad, porque reconocieron, como solamente los grandes lo hacen, los resultados militares, objetivos, alcanzados en la práctica real.

La Revolución Popular Sandinista triunfó como resultado de una obra colectiva, con hechos heroicos, individuales o colectivos, en distintas épocas y en los diferentes frentes guerrilleros; hechos que deben recordarse, estudiarse e interpretarse para fortalecer la memoria histórica del pueblo nicaragüense y latinoamericano.

Finalmente, hay que decir que, guardando la debida distancia, la liberación de León fue el Stalingrado de 1943 o la Mariúpol de 2022, porque causó el desequilibrio de la guerra y el desmoronamiento de la GN, durante la lucha por la libertad de Nicaragua.

 

Managua, Nicaragua, 21 de julio de 2022

Escritos de Lenin Fisher: reflexiones sobre la vida e historia de Nicaragua.

leninfisherblogspot.com

https://leninfisher.blogspot.com/2022/07/la-batalla-por-leon-el-desequilibrio-de.html


Referencias

Cano, H. (2022). Sergio Rodríguez Gelfenstein, combatiente en Nicaragua: "El 19 de julio fue el mejor día de mi vida". Sputnik. https://mundo.sputniknews.com/20220718/sergio-rodriguez-gelfenstein-combatiente-en-nicaragua-el-19-de-julio-fue-el-mejor-dia-de-mi-vida-1128439898

Cox, J. (1980). Nicaragua traicionada. Massachusetts. Western Islands.

Fisher, L. (2016, 2017, 2020). La toma del búnker de Somoza. Universitaria. León, Nicaragua.

Núñez Téllez, C. (2009). Un pueblo en armas: informe del frente interno. 2da. ed. Asamblea Nacional. Managua, Nicaragua.

Ortega Saavedra, H. (2004, 2017). La epopeya de la insurrección. Managua, Nicaragua. Lea

Ramírez Mercado, S. (1999). Adiós muchachos. México. Aguilar.