lunes, 9 de diciembre de 2013

NELSON MANDELA, EL APARTHEID Y CUBA

Nelson Mandela, el apartheid y Cuba

Lenin Fisher

Ante la muerte de Mandela, el 5 de diciembre, sobre el líder revolucionario del Congreso Nacional Africano y ex-presidente de Sudáfrica, se ha escrito bastante. La derecha nacional y mundial quiere halar agua para su molino elogiando a Mandela.

El apartheid, modelo de dominación colonialista y capitalista, basado en el racismo de la minoría de raza blanca sobre la mayoría de raza negra, era sólo una arista del imperialismo, porque los gobiernos racistas de Sudáfrica siempre fueron apoyados por el gran capital mundial, Estados Unidos, Europa e Israel.

Mandela estuvo preso 27 años en una isla. En Nicaragua el preso político que más tiempo estuvo en prisión durante la dictadura somocista fue Daniel Ortega (siete años de cárcel), o sea, 20 años menos que Mandela. El actual presidente de Nicaragua hubiera estado más tiempo preso de no haber sido por la acción intrépida del Comando “Juan José Quezada” el 27 de diciembre de 1974, dirigido por Eduardo Contreras (hace 39 años).

Madiba, como cariñosamente era llamado Mandela por el pueblo, salió de la cárcel anciano, en 1990, a los 72 años. Luego ganó las elecciones, sucedió en la presidencia al blanco Frederik Willem de Klerk, cargo que ejerció  desde el 10 de mayo de 1994 hasta el 14 de junio de 1999, y a los 81 años entregó formalmente el alto cargo al segundo presidente negro de Sudáfrica, Thabo Mbeki. Con todo el respeto a la lucha heroica y ejemplar de Mandela, con más de ochenta años es difícil continuar en el poder, ser presidente  o mantenerse activo políticamente. El retiro era algo natural.

Avanzó Sudáfrica con la caída del apartheid y la liberación de Mandela. Aunque pocos se atreven a reconocer el papel heroico y decisivo que jugó Cuba, con más de 40 mil soldados, que combatieron a las fuerzas contrarrevolucionarias de Angola, Namibia y al ejército Sudafricano, a quienes derrotaron. Sin Cuba no cae el apartheid, ni liberan a Mandela, quien al visitar Cuba en 1991, reconoció públicamente esta verdad. Además, señaló que la batalla de Cuito Cuanavale, en la provincia de Cuando Cubango, en el sur de Angola (diciembre 1987- marzo 1988), fue un punto de inflexión en la lucha contra el apartheid. Los internacionalistas cubanos hicieron retroceder a las tropas sudafricanas y a los contrarrevolucionarios financiados y armados  por la CIA. La derrota sudafricana en Cuito Cuanavale significó un giro decisivo de la guerra y obligó al régimen de Pretoria a sentarse en las negociaciones cuatripartitas (USA, Cuba y Angola), en Nueva York. Entonces, Sudáfrica se retiró de Angola, aceptó la independencia y elecciones libres de Namibia, y se democratizó al desmantelar el apartheid.

Sudáfrica es de las potencias emergentes (BRICS: Brasil, Rusia, India y China). Es la primera economía africana y representa el 25% del PIB de África. Pero, la comunidad donde nació Mandela continúa con serios problemas de agua potable, alcantarillado y educación. Mandela y los gobernantes negros subsiguientes no han podido acabar con la desigualdad e injusticia social, con la miseria originada en la explotación del hombre por el hombre. Hay no menos de 20 millones de pobres. De los 53 millones de habitantes, un tercio (18 millones), vive con menos de dos dólares diarios. Cerca del 20% de los negros (8 millones) ha mejorado su condición de vida; pero el 60% de los negros (20-25 millones) sigue en la pobreza. Los blancos controlan la economía, la propiedad, las relaciones de producción, el capital.

En la Casa Blanca existe un presidente de raza negra y no cambia la naturaleza del imperialismo (guerras en Libia y Siria; golpes de estado en Honduras y Paraguay). En Sudáfrica no cambia la naturaleza explotadora e injusta del capitalismo porque los presidentes sean de raza negra. Esta verdad es la más importante de todas.



Managua, Nicaragua, 9 de diciembre de 2013

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