domingo, 4 de mayo de 2014

UCRANIA Y EL HOLOCAUSTO CAPITALISTA IMPLICITO

Ucrania y el holocausto capitalista implícito

Lenin Fisher

Estados Unidos (EU) invirtió 5000 millones de dólares para organizar el golpe de Estado en Ucrania, según su canciller adjunta, Vicky Nuland. La Unión Europea (UE) había intentado por las buenas que Ucrania se incorporara a esa comunidad continental, en crisis económica, firmando un acuerdo de asociación. A las pocas semanas después del golpe, ayudado con francotiradores que disparaban a todos los bandos, el respaldo a los neonazis golpistas era minoritario y solo del 30% de los ucranianos. Y la respuesta independentista de Crimea fue inmediata y sabia.

El trío EU, UE y OTAN (el imperialismo global), sigue aplicando su doctrina estratégica de finales del siglo XIX e inicios del XX, revitalizada con la Guerra Fría, de acosar hasta el límite a dos grandes países: China y Rusia, ricas fuentes de recursos naturales.

Los imperialistas de la Tierra continúan a la caza de fuentes energéticas y alimentos; la avaricia capitalista los lleva a arrebatar por medio de guerras, petróleo, gas natural y producción agrícola. Ucrania (territorio de la frontera, en eslavo) es rica en esos recursos, así como en carbón y hierro. Era llamada la canasta de pan de Rusia porque posee las tierras más fértiles de Europa, tierras negras, ricas en humus. La producción de alimentos y el agua, además de los combustibles fósiles y el gas natural son suficientes razones para invadir, bombardear o sabotear a cualquier país maldito por tenerlos en el suelo y el subsuelo.

Diez millones de trabajadores del sureste ucraniano son el blanco de las empresas capitalistas europeas, que en medio de la crisis económica esperan contar con más mano de obra barata. Chevron calcula sus primeras inversiones en más de 10 mil millones de dólares. Monsanto, la golpista de Paraguay, prepara sus tentáculos para expoliar las paradisíacas tierras ucranianas.  La resistencia popular y las exigencias de referendos para que la gente decida ser parte de Rusia o de la Ucrania pronazi, son las noticias de todos los días. Agentes del FBI y la CIA asesoran al golpista gobierno de facto en Kiev. El vicepresidente yanqui, Biden, se reunió con los golpistas neonazis. El ministro de relaciones exteriores de EU, Kerry, ataca y censura a la prensa independiente como el canal RT porque desmienten a la maquinaria mediática global de la desinformación promovida por el imperialismo. 

Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria y todo país bombardeado en nombre del libertinaje antidemocrático -parafraseando a Eduardo Galeano-, se vuelve invariablemente por obra de la tríada EU, UE y OTAN, manicomio o cementerio.

Mientras tanto China, durante este año superará a EU como la primera potencia económica mundial, según el Financial Times, de acuerdo al poder adquisitivo de sus habitantes y el PIB, algo que los expertos calculaban que ocurriría en 2019. La política guerrerista, aún con los drones de Bush y Obama, con más de tres mil víctimas y 50% de civiles inocentes, no es la mejor manera para competir por el liderazgo de la economía mundial. Bombardear el mundo no es la mejor opción para ser la economía número uno del planeta, han señalado Max Keiser y Stacy Herbert.

Este es el holocausto tácito del capitalismo, como lo llama el profesor Nafeez Ahmed, en The Guardian, quien señala que desde 1945 la continua expansión del capitalismo global fue el resultado de más de 70 guerras intervencionistas contra diferentes países en vías de desarrollo, para lograr las condiciones políticas de sus mercados, permitir la penetración del capital occidental y dominar los recursos naturales y a la fuerza laboral (seres humanos).

Ahmed cita al historiador británico Mark Curtis quien calculó que la expansión del capitalismo en el mundo causó la muerte de 10 millones de personas. Aunque el economista de EU, J. W. Smith, dice que fueron entre 12 y 15 millones las muertes violentas; y que son centenares de millones los que murieron porque la guerra imperialista para diseminar el capitalismo global, les causó la destrucción de sus economías y su hábitat, desde 1945 hasta 1990.

La guerra imperialista nazi-hitleriana (1939-1945) mató entre 5 y 8 millones de ucranianos, así como a 1.4 millones de soldados ucranianos que eran parte del ejército soviético. ¿Será posible que el pueblo ucraniano permita que los extremistas de la ultraderecha pronazi vuelvan a su país un cementerio o un manicomio? ¿El sector derecho y el Maidán, dirigidos por la OTAN, EU y UE, no tienen vergüenza de continuar el holocausto implícito del capitalismo mundial, ahora en Ucrania, o sea, en el territorio de la frontera con Rusia?


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Managua, Nicaragua, 4 de mayo de 2014