lunes, 5 de abril de 2021

DIVISION DEL FSLN: TRADICION VERSUS INNOVACION

 

División del FSLN: tradición versus innovación


Lenin Fisher

La historia del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tiene entre sus hechos históricos el surgimiento de la tendencia Insurreccional, más conocida como Tercerista.

Tal surgimiento es un hecho histórico en sí mismo porque resultó de gran importancia, de innegable relevancia y digno de recordarse. El Tercerismo fue la tesis de la insurrección popular en las ciudades, con amplias alianzas a nivel nacional e internacional, para derrotar a la Guardia Nacional y al somocismo, e iniciar la transformación revolucionaria de Nicaragua.

La tendencia Insurreccional fue una ruptura de paradigma, como diríamos hoy. Fue la contraposición de la tradición y la innovación. En la realidad, las nuevas ideas, tácticas y prácticas negaron a las viejas; aunque la estrategia, el gran objetivo, era el mismo. La experiencia dialéctica de una organización político-militar, donde lo nuevo negaba a lo viejo (ley de la negación de la negación, tomando lo mejor de lo viejo), dando grandes saltos cuantitativos y cualitativos (insurrección urbana, masiva, con más y mejores armas, más recursos, más apoyo nacional y extranjero), y manteniendo la unidad y lucha de contrarios (de las tres tendencias), bajo la hegemonía de los Terceristas.

De acuerdo a Ortega (2004), la constitución de la tendencia Insurreccional, como grupo autónomo e integrante del FSLN ocurrió en junio de 1976, en una troje (donde se guarda el maíz), en la comunidad campesina de el Coyolar, San Caralampio, en las cercanías del volcán Mombacho, en el departamento de Granada, cuando se reunieron Eduardo Contreras, Daniel Ortega, Germán Pomares, Camilo Ortega, Leticia Herrera y Humberto Ortega.

Las contradicciones por liderazgo y conducción ya existían entre lo que serían las tendencias Guerra Popular Prolongada (GPP) y Proletarios. Además, dichas contradicciones sucedían entre los sandinistas ubicados en las ciudades y la montaña, así como entre los que estaban en Nicaragua y los que se encontraban en otros países.

La fundación de la tendencia Insurreccional ocurre cuando Carlos Fonseca, fundador del FSLN, miembro de la Dirección Nacional y Secretario General ya está en la montaña, a la cual entró desde marzo de 1976, buscando reunirse con los principales jefes guerrilleros de lo que sería la GPP, para unificarlos alrededor de su liderazgo, mando y conducción. Una reunión que jamás se realizó y que Ortega (2017) la llama “…de su prioritaria importancia”. Fonseca había ingresado a Nicaragua, cruzando el río Guasaule, el 6 de noviembre de 1975, cuando existían tres fracciones del FSLN conformadas por: 1) Fonseca, Arauz, Borge, Ruiz y Agüero; 2) Huembes, Wheelock, Núñez y Carrión; y 3) Contreras, Humberto Ortega y Daniel Ortega.

En México, después de salir de Cuba, a mediados de 1975, coinciden Carlos Fonseca, Daniel Ortega, Eduardo Contreras y Humberto Ortega. Fonseca acordó esperar a Contreras para reunirse con él y abordar distintos temas de discusión y de toma de decisiones, después que Contreras regresara de reunirse con el general Omar Torrijos, en Panamá; reunión en la cual, Contreras entregó a Torrijos la bandera de Nicaragua que el comando Juan José Quezada utilizó en el operativo exitoso del 27 de diciembre de 1974, según Ortega (2004).

Operativo en que lo único criticable de Eduardo Contreras es que no impuso su opinión y decisión militar para que en la lista de prisioneros liberados fuese incluido Leopoldo Rivas Alfaro. Su decisión debió haber estado por encima de lo que pensaban Pedro Arauz y José Benito Escobar. Lo prioritario era liberar a todos los compañeros presos, sin castigar a ninguno con más tiempo en la cárcel, lo que en ningún sentido era una sanción revolucionaria. Todo desacuerdo o contradicción con cualquiera de los prisioneros debía discutirse, una vez liberados y puestos a salvo, en el extranjero. Cualquier falta, falla o error y su respectiva corrección o sanción debía hacerse fuera de las ergástulas somocistas.

Sin embargo, Fonseca no esperó que Contreras regresara a México procedente de Panamá, para reunirse con él y los hermanos Ortega, sino que ordenó que a Contreras se le organizara el viaje hacia Nicaragua por la vía México-Honduras. Fonseca no esperó a Contreras porque recibió un informe privado de críticas fuertes que hacía Pedro Arauz en contra de Eduardo Contreras. En pocas palabras, Fonseca mandó a Contreras a Nicaragua, de acuerdo a Ortega (2017).

Probablemente, esa decisión de Fonseca fue un error estratégico porque Contreras había establecido, prácticamente, el primer contacto relevante con un potencial aliado en Centroamérica, para derrocar a la dictadura somocista; un contacto que resultó clave para la victoria sandinista, nada más y nada menos que el general Torrijos, quien apoyó materialmente la lucha sandinista y fue como una bisagra estratégica para unir el apoyo de los gobiernos de Venezuela, Cuba y Costa Rica. No obstante, Fonseca dio más importancia a las duras críticas para Contreras. Esa decisión probablemente retrasó, en alguna medida, entre dos y tres años, la alianza regional-internacional que promovió exitosamente el tercerismo.

Las contradicciones entre Fonseca y Contreras fueron más evidentes en los primeros días de enero de 1975, porque según Suárez (2019), tres días después de que los combatientes del comando Juan José Quezada y los prisioneros liberados llegan a Cuba, se organiza una conferencia de prensa, en el hospital Cira García, en la que los voceros por los prisioneros son José Benito Escobar y Jacinto Suárez Espinoza, y por los miembros del comando el vocero es Eduardo Contreras Escobar. Carlos Fonseca es desplazado y no aparece en la conferencia de prensa. Y relata Suárez: “Se da un incidente poco conocido porque Contreras hace todo lo posible para que Carlos [Fonseca] no apareciera en la entrevista, Carlos [Fonseca] acepta. Son parte de las contradicciones que se daban allí.”

En múltiples ocasiones se ha señalado sobre el error cometido por el propio Fonseca y sus compañeros de decidir y permitirle regresar a Nicaragua, enmontañarse cuando tenía 40 años de edad, no en las mejores condiciones físicas y con dificultades marcadas por la miopía de sus ojos (Baltodano, 2011). Fonseca decidió no esperar a Contreras, ni reunirse con Contreras y los hermanos Ortega Saavedra, sino que optó por viajar a Nicaragua, entenderse personalmente con Pedro Arauz Palacios y subir a la montaña. El aislamiento de las escuadras guerrilleras, las dificultades de la marcha en la montaña, la mala comunicación, la persecución y ataque de la Guardia Nacional, la información brindada por un desertor capturado por el enemigo, haber seleccionado a un guía o baqueano inexperto y no al mejor de todos, entre otros, son factores que contribuyeron a la muerte de Fonseca.

Recientemente, el periodista William Grigsby señaló, en su programa Sin fronteras, de radio la Primerísima, que algún día pagarán los culpables de la muerte de Fonseca. Tal calificativo puede ser muy amplio porque incluiría a los que exigieron su presencia en Nicaragua, a los que directa o indirectamente lo llevaron a enmontañarse, a los que no salieron a su encuentro desde la profundidad de la montaña ni acortaron las distancias, a los que no fueron capaces en 1976 de superar las diferencias intra-tendencias e inter-tendencias. Aunque Fonseca también era un mortal tuvo posibilidades reales de ver triunfar a la Revolución Sandinista y dirigirla. No obstante, él mismo disminuyó al máximo tales probabilidades.

La idea central de la reunión que el grupo Contreras-Ortegas quería manifestarle a Carlos Fonseca es que él debía permanecer en México, Honduras o Costa Rica dirigiendo y coordinando la lucha sandinista, de manera general. Además, que la reunión de los miembros de la Dirección Nacional, que se dirigían a Nicaragua, podía ser en cualquier de los tres países arriba mencionados. El núcleo Contreras-Ortegas estaba claro de la importancia de que Fonseca permaneciera fuera del país, basados en el ejemplo de Ho Chi Minh y de Lenin, quienes pasaron dirigiendo la lucha revolucionaria y victoriosa de sus pueblos, desde el extranjero, 30 y 17 años, respectivamente. De tal manera que eran los dirigentes de los otros fragmentos o futuras tendencias los que exigían la permanencia de Fonseca en Nicaragua.

La reunión de Fonseca y el núcleo Contreras-Ortegas no sucedió en el extranjero porque Fonseca no quiso. Y la reunión de Fonseca y los jefes guerrilleros en la montaña no sucedió porque la mítica guerrilla, en realidad era de pequeños grupos mal armados, con escasas armas y municiones, mal alimentados, aislados de la ciudad y aislados entre sí. Además, la guerrilla estaba en un proceso de derrota estratégica ante la Guardia Nacional y el modelo del foco guerrillero con apoyo logístico desde las ciudades era sencillamente insostenible. Fonseca, un hombre excepcional y brillante, también cometió errores, como todo ser humano. Sus decisiones principales, entre 1975 y 1976, no fueron acertadas. Crisis que se acentúa con la muerte en combate de Fonseca, el 8 de noviembre de 1976, un año después de ingresar al país.

La muerte de Fonseca es la cereza del pastel en la larga cadena de derrotas militares que el FSLN sufrió ante la Guardia Nacional. Ocurre cuando la tendencia Insurreccional tiene cinco meses de trabajo organizativo en Nicaragua y Costa Rica, buscando como formar sus propias estructuras internas y una retaguardia en nuestro vecino del sur. En otras palabras, es errónea la idea de que el Tercerismo apareció de repente, sin trabajo organizativo, sin estructuras (aprovechándose de las que ya tenían las otras tendencias), y con muchas armas y dinero.

No por casualidad en testimonios recabados por Fisher (2017 y 2020) se señala que Eduardo Contreras y Daniel Ortega visitaron la ciudad de León, en 1975, planteando a combatientes históricos como Francisco Jarquín Ramírez e Iván García Abarca, que había que cambiar el método de lucha. En otras palabras, llevar la lucha armada a las ciudades, donde se concentraba gran cantidad de población y la infraestructura y la propia gente serían los medios para que los guerrilleros urbanos se ocultasen.

Desde ese tiempo quienes serían los fundadores de la tendencia Tercerista avizoraban que esa era la forma más práctica de alcanzar la insurrección popular de las masas, porque de lo contrario, los guerrilleros en la montaña morirían poco a poco, uno por uno, por las balas enemigas o de hambre, desarticulados, aislados, perdidos o envejecidos comiendo carne de mono. De acuerdo a Suárez (2015), en julio de 1978, Henry Ruiz se reunió con Fidel Castro, después de lo cual Ruiz “…salió muy disgustado porque Fidel le preguntó por qué la guerrilla no combatía y [además le dijo] que con los años que él tenía en la montaña se podía hacer toda una guerra.”   

Ortega (2017) señala que el periodo victorias militares de la dictadura somocista sobre el FSLN va de 1964 a 1976, es decir, un lapso de 12 años. Pero el período es más largo porque debe incluir el año 1963, cuando la guerrilla de Raití-Bocay fue también derrotada.

Y aunque a partir de la ofensiva Tercerista de octubre de 1977, a tan solo 11 meses de la muerte de Fonseca, la guerrilla sandinista semi-rural, urbana e invasionista a través de las fronteras terrestres, hace presencia, con ataques resonantes, no se logran victorias militares estratégicamente importantes. No debe olvidarse que para octubre de 1977 la dictadura somocista cree haber derrotado al sandinismo, porque mató a su principal jefe, destruyó y tomó el principal campamento de la guerrilla en la montaña, en diciembre de 1976, causando importantes bajas y la desarticulación casi total de las pequeñas escuadras, las cuales iban rumbo a la extinción, y además, tiene como prisioneros a una gran cantidad de militantes sandinistas

De igual forma sucedió en 1978, con el levantamiento de Monimbó en febrero, la insurrección de Matagalpa en agosto y la insurrección de septiembre (en Chinandega, León, Estelí y Masaya). Aunque todas esas batallas contribuyeron a preparar al FSLN y el pueblo para la ofensiva final triunfante de 1979, cuando la primera victoria militar realmente importante sobre la Guardia Nacional se logra en la ciudad de León, la mañana del 20 de junio, en el preciso momento en que el FSLN se toma el cuartel departamental.

Fonseca sabía que el desenlace final para que triunfara la revolución era la insurrección del pueblo nicaragüense. Eso había sucedido en otras revoluciones. La insurrección como desenlace era verdad de Perogrullo. El punto era como lograr que el pueblo se insurreccionara. La clave entonces era la táctica y el método, porque la estrategia estaba clara. Entonces, lo que la tendencia Insurreccional hizo fue pasar de la teoría a la táctica y de la táctica a la práctica, bajo el liderazgo del núcleo Contreras-Ortegas.

Otro aspecto importante es que el núcleo fundador de la tendencia Insurreccional desde el inicio impulsó la mediación con los dirigentes de lo que serían las otras dos tendencias. Contactaron al grupo dirigido por Arauz y Arce, así como al encabezado por Huembes y Wheelock. Quisieron mediar entre ellos para que se entendieran; pero no fue posible que cedieran en sus posiciones. Se hizo esfuerzos para presentarles las nuevas ideas y tácticas; pero no las aceptaron o no asistieron a las reuniones, como le sucedió a Contreras el día de su muerte en desigual combate, en Managua (Fisher, 2017 y 2020), pocas horas antes de que muriera Fonseca, en Boca de Piedra, Zinica, departamento de Zelaya, ahora Zelaya Central.

Los grupos que serían llamados GPP y Proletarios (estos últimos eran conocidos internamente como los Replegados) no quisieron entenderse, negociar o reconciliarse (como diríamos en estos tiempos) en el primer semestre de 1976. No aceptaron la mediación ni las ideas propuestas que les hicieron los fundadores de la tendencia Insurreccional. Sin olvidar que el propio Fonseca había hecho caso omiso a las ideas y propuestas del núcleo Contreras-Ortegas. Asimismo, no puede obviarse que existían contradicciones por el liderazgo y la conducción dentro de la fracción GPP y que los Replegados-Proletarios pensaban separarse del FSLN para formar un partido marxista, de acuerdo a Ortega (2004 y 2017).

Fonseca pensaba, primero, unificar a los jefes de la guerrilla en la montaña bajo su liderazgo y guía. Segundo, buscaría solucionar las contradicciones en la Dirección Nacional, sobre todo con Eduardo Contreras y la fracción Huembes-Wheelock, a la cual intentaría reintegrar. Y tercero, esperaba iniciar una ofensiva militar en enero de 1977, a partir de la mítica guerrilla enmontañada, que arrebataría la iniciativa a la Guardia Nacional y que permitiría que la guerrilla de las estepas verdes se independizara del abastecimiento que las ciudades le proporcionaban, en todos los órdenes. Pero objetivamente hablando, la guerrilla de la montaña no estaba en condiciones de iniciar ninguna ofensiva (sin armas de guerra y municiones adecuadas).

En efecto, el propio Fonseca, el jefe de la revolución, portaba una escopeta calibre 12, una pistola Browning calibre 9mm., con cargador de 14 balas y una granada de fragmentación, al momento de morir heroicamente. Mientras que en el Chaparral, 1959, portaba un arma superior: una carabina San Cristóbal, calibre 7.62mm (de fabricación dominicana, también llamada Király-Cristóbal), como la que utilizó el Che Guevara durante la guerra para derrocar a Batista; y en Pancasán, 1967, un fusil Garand M-1, calibre 7.62mm. En otras palabras, hasta para el propio Fonseca la calidad de las armas disminuyó al pasar de 17 años de lucha. Además, de noviembre de 1976 a enero de 1977 son dos meses de diferencia, o sea, muy poco tiempo para preparar una ofensiva, sin agregar la falta de unidad.

Todos los elementos anteriores apuntan a que Fonseca creyó, hasta sus últimos días, en que la teoría del foco guerrillero podía aplicarse de manera exitosa en Nicaragua. No por casualidad los mandos principales de lo que sería la tendencia GPP sostenían, aún en el periodo 1977-1979, que las bases existentes en las ciudades podían seguir manteniendo a una debilitada guerrilla, en peligro de extinción, que la montaña era el eje central, el teatro militar principal, por lo que había que priorizarla, acumulando y preservando las fuerzas, en silencio y defensa pasiva, sin combatir, porque la lucha era prolongada. La ciudad ya no podía sostener a la montaña, como decían en aquellos años difíciles (Ortega, 2004 y 2017).

Sandino dijo que la única manera de ser héroe era muriendo. Seguramente, Fonseca un profundo estudioso de Sandino, también pensaba así. Jorge Eduardo Arellano ha dicho de Sandino que poseía un sentido claro de auto-inmolación, que posiblemente tenía Fonseca. Aunque sabemos que un revolucionario de su estatura estaba dispuesto a morir y que el tiempo de vida promedio para los sandinistas en la clandestinidad, dentro del país, era de seis meses.

Probablemente, Fonseca quería arriesgarlo todo para lograr la unidad de lo que después sería la GPP y después abordar la unidad con las otras dos facciones. Y si había una forma heroica de morir, era mejor morir combatiendo como el Che Guevara, en la montaña, como un guerrillero revolucionario. En la montaña enterraremos el corazón del enemigo, decía la consigna de la tendencia GPP, que según se deduce en Ortega (2004), la acuñó Carlos Agüero Echeverría; pero desafortunadamente en la montaña se enterraron los corazones de valiosos revolucionarios, entre ellos Fonseca y Agüero.

Suárez (2015) y Ortega (2017) coinciden en que hubo cuadros relevantes de la GPP como José Benito Escobar que se pasó a la tendencia Insurreccional (la innovación) y después regresó a la GPP (la tradición). Además señala Ortega (2004) que las tendencias GPP y Proletarios calificaron a la insurrección de septiembre de 1978 como un acto de escandalosa irresponsabilidad política que alejaba el triunfo y erosionaba a las masas.

¿No hubiese sido mejor que Fonseca aceptara la propuesta del núcleo Contreras-Ortegas, de permanecer en el exterior dirigiendo la lucha, y que hiciera su primera reunión en el extranjero? Es cierto que lo que pasó, pasó; pero el pasado deja muchas enseñanzas. Fonseca tenía una gran responsabilidad, estaba sometido a mucha presión. Puede decirse que vivió en estrés permanente y más aún durante el último año de su vida. Estos son factores que a los seres humanos no les permiten tomar las mejores decisiones.

No se trata de restar o quitar méritos a Fonseca, en cuanto a su histórico papel en la sociedad nicaragüense, el sandinismo y la revolución. Sin embargo, no deja de inquietar la pregunta de por qué tantos jóvenes universitarios brillantes y líderes destacados de los primeros seis o siete años de la década de 1970, no fueron capaces de vislumbrar que el foco guerrillero en Nicaragua no estaba dando los resultados que la teoría y la práctica en otros países enseñaban. Probablemente, la muerte de Fonseca, Contreras y Huembes con pocas horas de diferencia, hizo reflexionar a algunos. Lo que sí es seguro, que tales golpes, casi simultáneos, fortalecieron la decisión de la tendencia Insurreccional.

En conclusión, en la victoriosa lucha sandinista fue determinante la innovación del Tercerismo. La ruptura del paradigma del foco guerrillero en la montaña fue indispensable. El tiempo le dio la razón a la tendencia Insurreccional y sus fundadores desde 1976 demostraron mejor comprensión de la realidad, mayor madurez y más capacidad de negociación política, tres cualidades con las cuales ha perseverado Daniel Ortega Saavedra, en los más diversos escenarios. Todo ocurrió como parte del inevitable desarrollo dialéctico del FSLN, como debe ser en una organización político-militar revolucionaria, hoy un partido político revolucionario, como parte de su evolución histórica.


Managua, Nicaragua, 5 y 6 de abril de 2021

Escritos de Lenin Fisher: reflexiones sobre la vida e historia de Nicaragua.

Referencias

Fisher, L. (2017). La toma del búnker de Somoza: 19 de julio de 1979. 2da. ed. León, Nicaragua. Universitaria.

Fisher, L. (2020). La toma del búnker de Somoza: 19 de julio de 1979. 3era. ed. León, Nicaragua. Universitaria.

Ortega Saavedra, H. (2004). La epopeya de la insurrección. Managua, Nicaragua. Lea.

Ortega Saavedra, H. (2017). La epopeya de la insurrección. 3era. ed. Managua, Nicaragua. Lea.

Suárez Espinoza, J. (2015). En el mes más crudo de la siembra: memorias de Jacinto Suárez Espinoza.  Managua, Nicaragua. Asamblea Nacional.

Suárez Espinoza, J. (2019). En el mes más crudo de la siembra: memorias. Managua, Nicaragua. Asamblea Nacional.